‘Los termes en España’, por José Benito Martínez (1958)

Fig 1. Portada de ‘Los termes en España’ de José Benito (1958)./ Desinsectador 11-2016

Este opúsculo de 30 páginas es magnífico. Fue escrito por José Benito Martínez, una de las figuras capitales del estudio de la protección de la madera en España [1]. Una obra breve y clara destinada a ser de gran ayuda en el combate de la termita subterránea [2]. En aquella época, la termita ibérica era definida científicamente como Reticulitermes lucifugus ante la falta de una mayor y profunda comprensión del fenómeno. Este opúsculo tuvo dos ediciones editadas a cargo del Servicio de Plagas Forestales dependiente del Ministerio de Agricultura. La primera edición apareció en 1956. Y dos años después, en 1958, fue publicada una nueva edición que corregía y aumentaba el texto de la primera. Este segundo texto es el que yo adquirí hace unos meses y se puede ver en las imágenes.

Como técnico de control de plagas que soy, y curioso de oficio, este opúsculo me interesa mucho porque hay información detallada de cómo se realizaban entonces los tratamientos contra la termita subterránea. En concreto me interesa lo que en la página 19 se define como ‘métodos químicos de lucha directa.’ Sus principios no son muy diferentes de los de hoy. Aunque por suerte, gracias a la moderna técnica de cebos, cada día parecen más lejanos.

Fig 2. Página 1 de ‘Los termes en España’ (1958)./ Desinsectador 11-2016

En la década de 1950 disponían de una batería de materias activas persistentes que echaban para atrás a las termitas durante por lo menos un par de décadas. Eso sí, si era bien aplicados. Estaban los compuestos arsenicacles, los clorados (pentaclorofenol), los clorados aromáticos (DDT, ortodiclorobenzol), y los clorados carbocíclicos (lindano, clordano, aldrín, dieldrín). Para proteger y eliminar a las termitas de una vivienda, lo primero era realizar la ‘desinfección del suelo’ (página 21). El método más empleado era la zanja, la cual se abría a base de pico y pala. Se realizaba rodeando todos los elementos constructivos (muros, columnas, etc.) de la casa susceptibles de ser transmisores de termitas. La zanja debía ser de unos 50 centímetros de ancho y de una profundidad de 1 o 2 metros. Luego se limpiaba bien el muro de fundación y se pincelaba con alquitrán caliente de hulla. Seguidamente se vertía mezcla insecticida al fondo de la zanja. Y a medida que se iba cubriendo con tierra, se iba mojando con insecticida. En resumen, se dejaba bien contaminada la tierra con compuestos orgánicos persistentes.

Otro método de crear una barrera antitermítica alrededor de edificaciones era perforar el suelo si este era de obra o no se quería recurrir a la costosa zanja. Se realizaban agujeros cada 20 o 25 centímetros y luego se vertía la mezcla insecticida con la ayuda de un embudo y un cubo. Nada de modernas máquinas de inyección de las que disponemos ahora. Además de tratar el suelo, también se abrían agujeros en los muros para impedir que las termitas ascendieran por ellos. En este punto, el manual habla de una método que desconocía llamado ‘método Feytaud.’ Parece ser que, ante la dificultad de realizar perforaciones en algunas paredes, este experto francés propuso lo siguiente: picar la capa de yeso y sustituirla por un “enlucido constituido por yeso adicionado de DDT, en la proporción del 4%, en peso.”

Fig 3. Aplicación de Aerosol TW de Industrias Sotileza./ Kraemer (1958)

Sobre el tratamiento del maderamen atacado, José Benito Martínez escribe que este es innecesario “porque si se han efectuado debidamente el saneamiento y las modificaciones en la estructura del edificio y se ha realizado, al mismo tiempo, el tratamiento químico del suelo y de los muros, los termes de la superestructura, desconectados del suelo y en condiciones desfavorables para su desarrollo, no tardarán en perecer.” Sin embargo, si no se quiere realizar el costoso y molesto tratamiento de impregnar suelos y paredes, es necesario impregnar el maderamen. En este punto, el método se circunscribe a la impregnación principalmente  de la cabeza de la viga. Esta debe ser descubierta para sanearla (sustituir secciones si es necesario) y perforada con “agujeros de unos 10 mm de diámetro y de una profundidad igual a los 2/3 del espesor de la viga, y acto seguido se inyectará una solución de pentaclorofenol, en gas-oil, al 5%, utilizando para ello un pulverizador ordinario de 10 atmósferas, provisto de boquilla especial ligeramente cónica y con rosca, que puede adaptarse perfectamente a los agujeros abiertos en la cabeza de la viga.” La inyección de la cabeza debe hacerse de tal manera que el insecticida corra por todo el interior de la viga en sentido longitudinal. Luego se tapaban los agujeros con tapones de madera impregnados en insecticida.

A parte de este tratamiento, José Benito Martínez propone uno adicional para bibliotecas, archivos, museos y almacenes que consiste en impregnar libros, legajos y “objetos artísticos”. Para ello se procederá a una impregnación mediante alguno de los métodos siguientes para que no afecten negativamente a los objetos:

1/ Aplicación de paradiclorobenzol en forma sólida entre los libros, legajos, tejidos, etc. Se aplican las pastillas y se procura mantener el local bien cerrado.

2/ DDT en forma de polvo mojable al 50%. Se espolvorea sobre libros, legajos, tejidos y cualquier otro objeto artístico.

3/ Pulverización de DDT técnico en solución al 5% en acetona o en alcohol.

4/ Aplicación de DDT técnico en solución al 5% en acetona o en alcohol en forma de aerosol mediante botellas autoeyectoras.

5/ Aplicación de Aerosol TW, una solución a base de pentaclorofenol, pentaclorofenato cúprico, dieldrín y DDT.

El método 5 era una auténtica bomba. Aerosol TW era un producto preparado por Industrias Sotileza de Santander que se aplicaba mediante un aparato especial que consistía en un compresor que impulsaba el insecticida por una pistola pulverizdora que disponía de una resistencia eléctrica que calentaba la solución a 50ºC. Terrible si se respiraba. La mascarilla era imprescindible, cosa que no se utilizaba en la época. En la imagen número 3, se puede ver una fotografía de dos operarios de Industrias Sotileza aplicando Aerosol TW. Esta fotografía pertenece al libro de Gustav Kraemer de 1958 titulado ‘Compendio de la conservación de la madera’ [3]. Seguramente, los operarios que realizaran tal aplicación no duraran mucho en la empresa. Se trata de un método sucio: contaminante y peligroso para la salud.

– Benito Martínez, José: Los termes en España. Biología, daños y métodos para combatir la especie subterránea “Reticulitermes lucífugus”. Serie B, núm 6, Servicio de Plagas Forestales (Dirección General de Montes, Ministerio de Agricultura), Madrid, 1958, segunda edición corregida y aumentada (30 pp, 21 x 15 cm).

Notas:

[1] ‘El termes de la madera seca (Cryptotermes brevis) en las islas canarias’, por José Benito Matínez (1957), Desinsectador, 09-02-2014

[2] Un apunte filológico respecto a los nombres con los que definimos a estos insectos sociales que gustan de la celulosa. Creo que es de los animales que más nombres y variaciones ha tenido. Hoy en día, estamos acostumbrados a llamarlos con la voz ‘termita’. Sin embargo, este término que parece estandarizado es reciente. En la antigüedad, los romanos las definían como ‘hormigas blancas’. Y en la España del siglo XIX eran llamadas ‘comejenes’. Sin embargo, a través del francés llegó el término ‘termes’. Y hasta estandarizarse se usó ‘terme’ y ‘termito’. Ambos términos fueron utilizados por el mismo José Benito Martínez en sus obras. Hay que apuntar que ‘termito’ es un cultismo que triunfó en su voz femenina.

[3] ‘Compendio de la conservación de la madera’, por Gustav Kraemer Koeller (1958), Desinsectador, 13-02-2014.

Fig 4. Páginas 8 y 9 de ‘Los termes en España’ (1958)./ Desinsectador 11-2016

Fig 5. Páginas 10 y 11 de ‘Los termes en España’ (1958)./ Desinsectador 11-2016

Fig 6. Páginas 18 y 19 de ‘Los termes en España’ (1958)./ Desinsectador 11-2016

Fig 7. Páginas 22 y 23 de ‘Los termes en España’ (1958)./ Desinsectador 11-2016

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