Certificado de desinfección y desinsectación de la Inspección Municipal de Sanidad de Figueras, 1930

Fig 1. Certificado de la Inspección Municipal de Sanidad de Figueras./ C. Pradera 03-2022

C. Pradera, Barcelona, 12-03-2022

He adquirido un viejo documento que quiero compartir. Se trata de un certificado de tratamiento de desinfección y desinsectación emitido por la Inspección de Sanidad Municipal de Figueras (figura 1). No contiene la fecha, cosa que es extraño. Pero probablemente sea porque nunca sirvió para lo que debería, es decir, para certificar una desinfección y desinsectación. Quizás dejara preparado para poner la fecha cuando fuera utilizado. Pudo quedar olividado en algún cajón, cosa que agradezco porque ha llegado hasta mí noventa años después. Ahora bien, teniendo en cuenta la disposición legal a la que hace referencia, el diseño y otros detalles lo fecho alrededor de 1930. Explicaré las razones.

Es el certificado más antiguo que he encontrado hasta el momento. Hace unos años dediqué una entrada a un par de certificados de desinsectación de 1963 emitidos por Desinfecciones Lafi, compañía del sector todavía en activo en Barcelona (figura 2) [1]. En esa década los certificados llevaban la típica banda roja en diagonal de izquierda a derecha. Sin embargo, como se puede ver, en el de 1930 no aparece. Desconozco exactamente cuándo apareció esta banda en los certificados.

El certificado de 1930 está impreso a una sola tinta azul y enmarcado por una orla. Mide 22 x 16 cm. Al pie de la orla consta el nombre de la imprenta: «Tip. IDEAL, Muralla, 4-Figueras» He buscado en internet documentos en relación a la Tipografía Ideal. He encontrado que imprimían libros, revistas y periódicos de principios de la década de 1930. Y también he encontrado un artículo de 1992 dedicado a los impresores de la ciudad de Figueres [2]. En este se puede leer que esta imprenta trabajó desde 1928 hasta 1932. Tuvo, por tanto, una trayectoria breve.

Fig 2. Certificado de Desinfecciones Lafi de enero de 1963./ C. Pradera 08-2018

DESINFECCIÓN, 1901

El certificado de 1930 se encuentra cerca del origen de nuestro certificado de garantía que se dispone de cara al público que, en la actualidad, se usa cada vez menos. Voy a explicar un poco la historia de este documento. En el principio, está el Real Decreto de 31 de octubre de 1901 «referente á las medidas y precauciones que han de adoptarse en los casos que puedan ocurrir de enfermedades contagiosas» [3]. Esta norma hacía «obligatoria la declaración á la Autoridad municipal de los enfermos de peste, fiebre amarilla, cólera, lepra, viruela, sarampión, escarlatina, difteria, tifus, fiebre tifoidea y tuberculosis» (artículo 1).

Para evitar la propagación de estas enfermedades, se dispuso una serie de medidas entre las que estaba la desinfección de habitaciones, ropas, enseres, etc., que hubieran estado en contacto con personas enfermas. Pero además, se hizo obligatoria la «desinfección de todos los cuartos desalquilados, los cuales no deben ser alquilados por el público sin que tengan en la puerta un sello municipal que acredite haber sido desinfectado convenientemente» (artículo 15). Con esta norma nació el certificado colocado a la vista en un local que acreditaba un tratamiento, en este caso, de desinfección.

Esta norma implicó la creación de los Parques de Desinfección. Estableció que las capitales de provincia y los municipios de más de 20.000 habitantes crearan un servicio de desinfección (artículo 4). Y para dar servicio al resto de municipios, se estableció que las diputaciones provinciales hicieran lo mismo. Es así como siguiendo la estela de otros países, en España se buscó el control de enfermedades infecto-contagiosas por medio de la desinfección administrativa.

La creación de los parques de desinfección no se hizo de la noche a la mañana. Requería de importantes recursos y fue progresiva. La norma además dictaba que cada Ayuntamiento reglamentara las prácticas de desinfección y se proveyera del personal y maquinaria «conforme á los adelantos de la Ciencia» (artículo 14). Algunos ayuntamientos contaban con ventaja por su dimensión y también porque ya contaban con tal servicio. Tengo constancia de que Barcelona que fue el iniciador de las desinfecciones domiciliarias en 1891 [4], para lo cual creó la figura del desinfector [5]. Como sabemos, el desinfector también devino desratizador y desinsectador cuando la ocasión lo requería, ya que no solo se trataba de eliminar los gérmenes, sino también de eliminar a los vectores. Con el tiempo, en las ciudades portuarias se hizo necesaria la creación de la figura del desratizador desligada del oficio de desinfector [6].

DESINFECCIÓN, DESINSECTACIÓN Y DESRATIZACIÓN (DDD), 1929

En la Real Orden de 2 de enero de 1926 se dispuso que los inspectores municipales de sanidad girasen inspecciones trimestrales en establecimientos de hotelería y restauración para mejorar las condiciones higiénicas y sanitarias [7]. Los locales afectados eran «fondas, hoteles, casas de huéspedes o de dormir, posadas y tabernas, cafés, bares y demás establecimientos de comidas o de bebidas y de alojamiento público». En caso de que las condiciones no fueran las correctas, el inspector municipal disponía que se hicieran desinfecciones y desinsectaciones. Esta norma no era obstáculo para la aplicación de la anterior sobre la obligatoriedad de declarar determinadas enfermedades infecciosas. El carácter trimestral de las inspecciones ha llegado hasta la actualidad como base de cualquier plan de control de plagas.

Ahora bien, la norma de 1926 fue evolucionando hasta desembocar en la Real Orden de 22 de mayo de 1929 donde quedó aprobado el ‘Reglamento para la Inspección Sanitaria de establecimientos, edificios y vehículos de servicio público’ [8]. A este reglamento es al que hace referencia el certificado de 1930. Y más en concreto a su artículo 20 donde se establecen las condiciones higiénicas que han de reunir los locales y vehículos afectados. Se detalla para cada tipo de local las condiciones higiénicas y la obligatoriedad de realizar la desinfección, desinsectación y desratización en unos tiempos que, por lo general, son con carácter trimestral.

Respecto a la necesidad de acreditar los tratamientos, el artículo 24 establece que tras las operaciones de desinfección, desinsectación y desratización se debe constar un certificado: «Dicho certificado será expedido por el Subdelegado de Medicina en funciones de Inspector municipal, por el inspector municipal de Sanidad o el Inspector veterinario municipal  correspondientes, y no podrá tener mayor validez que para un periodo de tiempo de seis meses, tres, dos o un mes, según la periodicidad de las operaciones, al términos de los cuales habrá de renovarse. Dicho certificado se ajustará a los modelos insertos al final de este Reglamento, y habrá de ser expuesto por el propietario en sitio visible del establecimiento.»

Fig 3. Gaceta de Madrid núm. 148, pág 1203.

CONTENIDO DEL CERTIFICADO

Al final de la Real Orden de 22 de mayo de 1929 aparecían cuatro modelos dependiendo del lugar a tratar (figura 3). Estos eran para habitaciones, para vehículos de servicio público, para carros de mudanza y para edificios y locales. El certificado de 1930 no aparece exactamente lo que tendría que aparecer en los certificados. Ahora bien, todo apunta a que se tratara de un certificado para habitaciones.

Otro detalle que en el que difiere el certificado de 1930 es que menciona el artículo 20, ya que según los modelos que ofrece el reglamento debe constar el artículo 10. Esto es sin duda un gazapo del responsable de publicar la Real Orden. Si leemos el artículo 10 nos damos cuenta de que no aplica, ya que el artículo 20 describe las condiciones de higiénicas y las operaciones DDD para cada tipo de local, establecimiento o vehículo de transporte. Desconozco si hubo modificación de la norma publicada en la Gaceta de Madrid. No la he encontrado.

Apuntado lo anterior, el certificado hace referencia a una desinfección y desinsectación para una habitación. Consta como lugar «la casa número dos de la calle del Pilar, de Dª Maria Calvet de Guillamet». Seguramente fuera una habitación alquilada en un domicilio particular.

En cuanto al tratamiento, fue el típico de la época para la desinfección de habitaciones y consistía en la aplicación de formol, solución acuosa de formaldehído al 40%. En el certificado consta que se aplicó a razón de de 2,5 gramos por m3. La desinfección con este compuesto era realizado con un aparato llamado formógeno al que he dedicado una entrada [9]. El modelo más utilizado era el Torrens, aunque todos los disponibles en el mercado se basaban en lo mismo. Se trataba de mezclar el formaldehído en agua y calentar la mezcla para que se fuera evaporando. El formógeno se podía usar de dos maneras. Se podía colocar en medio de una habitación y se cerraba esta los más herméticamente posible. Tras la aplicación, se esperaba un tiempo, se ventilaba y se retiraba. Pero también se podía hacer la operación desde fuera, ya que algunos modelos disponían de una manguera que se acoplaba en la salida del vapor.

En cuanto al responsable del tratamiento consta el propio Ayuntamiento que debía contar con un servicio de desinfección. Otro aspecto interesante es que el certificado de 1930 indica donde debe estar situado. En el documento impreso consta que debe fijarse «en sitio visible». Sin embargo, se tachó y se añadió que debía estar fijado «detrás de la puerta» lo cual es lo lógico en una habitación tratada.

Como apuntaba, no consta la fecha en el certificado y se encuentra tachada la validez del mismo. En cuanto a que no conste la fecha, como he supuesto es probable que fuera porque no se llevó a cabo el tratamiento. Ahora bien, en cuento a que aparece tachada la validez es porque se trata de un tratamiento en una habitación. Una desinfección no puede tener validez, ya que caduca en cuanto sea ocupada. El hecho de tachar la validez indica que este certificado debía servir para los cuatro supuestos antes mencionados donde era obligatorio el tratamiento DDD. Es por ello que el certificado no es exacto al propuesto en el reglamento de 1929. Para ahorrar dinero y confusiones, debieron mandar imprimir uno que sirviera para todo.

También es interesante que aparezca el nombre y firma del inspector municipal de sanidad. He buscado a Pedro Cusí en internet. Aparece un médico con este nombre y en relación a Figueres en diversa documentación del Colegio de Médicos de la Provincia de Gerona [10].

APUNTE FINAL

La Real Orden de 22 de mayo de 1929 creó lo que podríamos definir como un cuello de botella en la demanda. A diferencia de la Real Orden de 2 de enero de 1926, establecía unos tratamientos periódicos obligatorios y ampliaba los establecimientos y vehículos afectados. Además incluía la desratización. Esto implicó una demanda para la que no estaban preparados los parques de desinfección públicos. Para dar salida a ello fue promulgada la Real Orden de 11 de octubre de 1929 «aclarando dificultades para la debida interpretación del artículo 27 del Reglamento de 22 de Mayo último» [11].

El artículo 27 establecía que las prácticas sanitarias de DDD podían ser realizadas por los parques de desinfección de Laboratorios Municipales o de Institutos Provinciales de Higiene. También se dio la posibilidad a los municipios que querían disponer de un servicio de DDD si presentaban una solicitud de autorización a la Dirección General de Sanidad. La norma preveía que la ampliación de los parques o de su nueva creación se tenía que costear con el cobro de las tarifas publicadas en el reglamento. Pero también se dio la oportunidad de que solicitaran la autorización «los laboratorios, Entidades o Empresas de carácter particular que se dediquen a servicios sanitarios».

A este efecto, se pedió que junto la solicitud ante la DGS se presentara una memoria donde se detallara «la importancia y extensión de los servicios, el personal y material de que disponen, la solvencia de la entidad solicitadora y cuantas garantías sean necesarias para que su actuación sea todo lo más efectiva y eficaz posible». En el caso de los laboratorios y empresas particulares, se solicitaba como «indispensable que tengan al frente de los mismos, como Director responsable, un técnico de capacidad reconocida en Química e Higiene».

Este artículo 27 creó muchas dudas y además dio unos plazos imposibles de cumplir. Así que la Real Orden de 11 de octubre de 1929 dio respuesta a ello ampliando el plazo y detallando todos los puntos que debían cumplir las empresas particulares para poder obtener una autorización de la DGS. La autorización tendría carácter provincial.

Posteriormente, fueron promulgadas dos reales órdenes. En una se resolvieron las solicitudes de los ayuntamientos, algunos de los cuales no la obtuvieron. Y en otra, Real Orden de 3 de enero de 1930, se resolvieron las solicitudes de particulares «concediendo y denegando autorizaciones para realizar las prácticas de desinfección, desinsectación y desratización a las Empresas que se indican» [12]. En esta encontramos la primera lista oficial de empresas de control de plagas.

Notas:

[1] C. Pradera. 06-08-2018. Dos certificados de desinfección de 1963. El desinsectador y desratizador.

[2] Inés Padrosa Gorgot. 1992. Impresors figuerencs i la seva obra.  Annals de l’Institut d’Estudis Empordanesos, 25: 223-289.

[3] Real decreto de 31 de octubre de 1901 referente á las medidas y precauciones que han de adoptarse en los casos que puedan ocurrir de enfermedades contagiosas. Ministerio de la Gobernación. Gaceta de Madrid, núm. 308, de 4 de noviembre de 1901, páginas 553 a 554.

[4] C. Pradera. 11-04-2021. Sobre la peste bubónica en Barcelona y el inicio de la desratización en España. El desinsectador y desratizador.

[5] C. Pradera. 11-01-2017. El desinfector. El desinsectador y desratizador.

[6] Carlos Pradera. 20-12-2016. Con nombres y apellidos, los desratizadores más antiguos de España. El desinsectador y desratizador.

[7] Real orden de 2 de enero de 1926 disponiendo que por los funcionarios de Sanidad correspondiente se giren trimestralmente visitas a los establecimientos que se indican, con el fin de que se encuentren en las debidas condiciones de higiene y salubridad. Ministerio de la Gobernación. Gaceta de Madrid, núm. 5, de 5 de enero de 1926, página 57.

[8] Real orden de 22 de mayo de 1929 aprobando el Reglamento, que se inserta, para las inspección sanitaria de establecimientos, edificios y vehículos de servicio público, que habrá de regir en todos los Municipios. Ministerio de la Gobernación. Gaceta de Madrid:núm. 148, de 28 de mayo de 1929, páginas 1196 a 1204.

[9] C. Pradera. 26-12-2016. El formógeno. El desinsectador y desratizador.

[10] Pedro Roca y Planas. 1905. La VIII asamblea. Colegio de Médicos de Gerona. Boletín mensual, 10 (5): 149-153.

[11] Real orden de 11 de octubre de 1929 aclarando dificultades para la debida interpretación del artículo 27 del Reglamento de 22 de Mayo último, sobre desinfección, desinsectación y desratización de establecimientos, edificios y vehículos del servicio público. Ministerio de la Gobernación. Gaceta de Madrid, núm. 286, de 13 de octubre de 1929, páginas 249 a 252.

[12] Real orden de 3 de enero de 1930 concediendo y denegando autorizaciones para realizar las prácticas de desinfección, desinsectación y desratización a las Empresas que se indican. Ministerio de la Gobernación. Gaceta de Madrid, núm. 4, de 4 de enero de 1930, página 151.

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