El formógeno

Fig 1. Membrete del folleto publicitario de Industrias Sanitarias./ Desinsectador 2016

Hace un par de días me llegó una compra que hice por internet en una página web de antiguallas. Se trata de un folleto publicitario de finales de la década de 1920 de Industrias Sanitarias SA de Barcelona. Se describen las características de dos aparatos de desinfección. En el anverso, se pueden ver un formógeno (figura 2) y, en el reverso, un pulverizador. La mayoría de personas que trabajan en el sector de control de plagas no habrá oído nunca el término formógeno. Considero interesante dedicar un espacio a dar cuenta de este aparato de desinfección que fue en el pasado muy utilizado. No sin antes hacer una breve mención de Industrias Sanitarias SA.

Fig 2. Anverso del folleto publicitario de Industrias Sanitarias SA./ Desinsectador 2016

Durante decenios, Industrias Sanitarias SA nutrió los hospitales y quirófanos de España de todo el material necesario para poder realizar cualquier cura. Tenía extensos catálogos para instrumentos de cirugía,  de ortopedia, de laboratorio, aparatos de desinfección, instalaciones de esterilización, mobiliario para clínicas, etc. Por desgracia no he encontrado ningún texto histórico de tan importante empresa. Pero he encontrado alguna documentación que arroja algo de luz [1]. Empezó su andadura industrial en Barcelona por la industria textil que entonces había. A finales del siglo XIX he localizado una empresa llamada Hartmann & Jessing cuya producción principal eran apósitos. Parece que ampliaron el catálogo para proveer de aparatos de cirugía y de ortopedia. Esta empresa de prestigio creciente pasó a ser conocida popularmente como Casa Hartman. Ya en el siglo XX, la empresa parece tomar otra denominación como Hartmann y Cía. En la década de 1910, los catálogos cubrían todas las necesidades de material que podía tener una clínica y hospital. A principios de la década de 1920 parece que fue adquirida por Otto Maier y pasó a denominarse Casa Hartmann de Otto Maier. Y ya hacia 1926 pasó a llamarse Industrias Sanitarias SA. A partir del cambio a esta nueva denominación que llegó hasta la década de 1960, en el membrete de toda la documentación se podía leer aquello de “antigua casa Hartmann” (figura 1). En el membrete siempre figuró el pomposo dibujo de la fábrica Hartmann que da cuenta de la gran producción que tuvo, toda ella realizada en nuestro país.

Fig 3. Reverso del folleto publicitario de Industrias Sanitarias SA./ Desinsectador 2016

Entre los diversos aparatos de desinfección de la época, el formógeno era uno de los principales, por no decir el principal, utilizado en la desinfección química. Como se puede ver en las imágenes del folleto publicitario, se trataba de un aparato de poca complejidad técnica. Consistía básicamente en una caldera de cobre que era calentada por un quemador a base de alcohol. En la caldera se introducía el desinfectante que como indica el nombre del aparato era formol, es decir, mezcla de formaldehído al 40% en agua. Además de formol, se podían utilizar también pastillas de 1 gramo que contenían formaldehído. Tanto un formulado como el otro, era mezclado con agua y vertido en la caldera. Para la desinfección, en primer lugar se procedía a hermetizar la zona a tratar para evitar las salida del gas hacia otras zonas. Luego se procedía a encender el quemador para calentar calentar la mezcla y hacerlas salir en forma de vapor (agua) y de gas (formaldehído). La forma habitual consistía en introducir el formógeno en el centro de la zona a tratar que, por lo general, era un dormitorio. El gas salía por la parte superior llenando toda la habitación. Se dejaba actuar al aparato hasta consumir el desinfectante. Otra forma era realizar la desinfección desde el exterior. Para ello se colocaba el aparato junto a la habitación a tratar y se acoplaba una manguera a la salida superior por la que salían los vapores y el gas. El aplicador dirigía la mezcla desinfectante al interior a través de una cerradura o cualquier apertura disponible.

Fig 4. Imagen de un folleto publicitario de La Urbana./ Desinsectador 2016

Es obvio decir que en aquella época no era habitual el uso de mascarillas para filtrar el aire. Y como bien sabemos, el formaldehído es un compuesto químico peligroso para la salud. Esto hace pensar que el relevo de personal dedicado a la desinfección debía ser algo habitual. Este método de desinfección fue muy utilizado en el pasado. Antiguamente, las empresas de control de plagas desinfectaban muchas habitaciones de hotel, particulares o de hospital donde previamente había pernoctado una persona que sufría de algún tipo de enfermedad “infecto-contagiosa”, según terminología de entonces. Este tipo de desinfección era habitualmente prescrito por las autoridades sanitarias de entonces para evitar la propagación de enfermedades de las que muchas se desconocía al detalle su modo de transmisión. Diría que hasta principios de la década de 1950 fue muy utilizada la desinfección con formógeno. Por aquel entonces aparecieron otros métodos más modernos como el uso de las bombonas autoeyectoras. Hace unos meses publiqué una hoja publicitaria de la desaparecida empresa La Urbana de Limpieza y Desinfección [2]. En esta se puede ver un dibujo donde se muestra cómo se realizaba la desinfección por formaldehído (figura 4).

Fig 5. Formógeno de tipo Torrens./ José Amaro 1957

Esta hoja publicitaria que he adquirido es para mí de máximo interés porque es una pieza en el rompecabezas de la historia del control de plagas. Y entre la mucha información novedosa para mí, se da una que desconocía en la práctica de la desinfección con formógeno. Y es que tras la haberse consumido el formol, se llenaba nuevamente la caldera con una solución de amoníaco con el fin de desodorizar la zona tratada. El uso del amoníaco era para cuando fuera necesario utilitzar inmediatamente el local desinfectado. Esto permitía eliminarlo rápidamente el formaldehído y evitar su efecto irritante sobre las mucosas. Además, en el reverso de la hoja aparece una interesante tabla donde se puede ver la cantidad necesaria de formol y amoníaco a mezclar con agua en relación al volumen de la zona a tratar. Es de destacar que, junto a estas cantidades, aparecen también las del alcohol de quemar necesarias. Un aspecto, sin embargo, que no compete a este folleto publicitario pero que me gustaría saber es qué plazo de seguridad utilizaban en la época para este tipo de desinfección con gas. Sin embargo, buscando en otros textos de la época, como el escrito por José Amaro Lasheras en 1957 para las prácticas de la desinfección en el Ejército [3], se puede leer esto:

«Al cabo de siete u ocho horas se puede dar por terminada la desinfección, procediendo a la apertura y ventilación del local.» (Página 123).

formogeno-tipo-hotton

Fig 6. Formógeno tipo Hotton./ José Amaro 1957

Para acabar, hacer mención de los dos tipos de formógenos que existían en la época. El más sencillo era el de tipo Torrens (figura 5), que es el fabricado por Industrias Sanitarias. Y también el que se puede ver en la imagen del folleto de La Urbana de Limpieza y desinfección. Este aparato era pequeño y pensado para desinfección de pequeños espacios. Es interesante hacer notar que, si se situaba el formógeno en el interior de la zona a tratar, en la parte superior se podía poner para la salida del gas una regadora en forma de alcachofa o bien una pieza de dos tubos en forma de cruz. El otro tipo de aparatos eran conocidos como Hotton (figura 6). Fueron diseñados para desinfectar varios locales a la vez y se disponían en el exterior. Eran de mayor tamaño. El quemador era a base de petróleo y tenía gran capacidad calorífica. Llevaban un manómetro para medir la presión de la caldera y un flotador para saber el nivel de desinfectante. Los más indicado para la desinfección era siempre el uso del formógeno en el interior de la habitación, ya que permitía la mejor difusión del gas. Añado que la alternativa al formógeno era el uso del pulverizador como el que aparece en el reverso del folleto publicitario.

Notas:

[1] Facturas y catálogos a la venta en páginas de antiguallas.

[2] La Urbana de Limpieza y Desinfección, Desinsectador, 26-05-2016.

[3] Amaro Lasheras, José & Agustín Hernández Gil: Desinfección. Manuales de Higiene Militar, Madrid, 1957

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