‘Teoría y práctica de la desinsectación en la lucha antipalúdica’ de Álvaro Lozano Morales (1953)

Foto 1. Portada de 'Teoría y práctica de la desinsectación en la lucha antipalúdica' de Álvaro Lozano Morales (1953).

Foto 1. Portada de ‘Teoría y práctica de la desinsectación en la lucha antipalúdica’ de Álvaro Lozano Morales (1953).

España fue el primer país en solicitar a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la certificación oficial de la erradicación del paludismo. Esto fue en 1963 y, al año siguiente, se obtuvo. Era muy importante conseguir la certificación si tenemos en cuenta la creciente entrada de divisas debido al turismo. La culminación del proceso antipalúdico tuvo lugar gracias a los esfuerzos de personalidades de gran valía. Una de estas fue el Dr. Álvaro Lozano Morales (1910-1960), el cual dedicó toda su carrera a la lucha antipalúdica. En 1939 ingresó en el Instituto Nacional Antipalúdico de Navalmoral de la Mata. En 1942 fue nombrado director de esta institución. Su actividad científica traspasó fronteras y en 1953 la OMS le nombró miembro del Comité de Expertos en Paludismo. Tenía mucha curiosidad por leer el librito escrito en 1953. Me ha encantado. He visto mucha inteligencia. Se trata de una obra publicada por la Dirección General de Sanidad y destinada a médicos. En esta se detalla cómo se debe realizar la lucha contra el vector transmisor del paludismo en España, contra el Anopheles maculipennis atroparvus.

A mi parecer, la lucha antipalúdica pudo ser llevada a cabo gracias a varios factores. El primero fue el descubrimiento de los insecticidas organoclorados. En España fueron empleados el DDT y el HCH a partir de 1945. Muchas veces fueron empleados conjuntamente en las campañas de desinsectación. La residualidad del DDT era complementada con el efecto de choque del HCH. Estos insecticidas cambiaron el enfoque para controlar los mosquitos. Hasta la llegada de los organoclorados se usaban principalmente el petróleo y el verde París para el control larvario. Y como imagocida se usaba el pelitre, pero tenía el inconveniente de que no tenía residualidad, ya que las piretrinas se degradan rápidamente.

Foto 2. Carga de los pulverizadores, página 44.

Foto 2. Carga de los pulverizadores. Página 40.

El segundo factor fue es el estudio emprendido para conocer a la biología de los anofeles. Destaca la labor del naturalista Juan Gil Collado. Gracias al conocimiento de los anofeles y a los insecticidas organoclorados se orientó la estrategia hacia el control de los mosquitos adultos. Anteriormente, la lucha fue básicamente antilarvaria, pero sin mucho éxito. Por un lado, se hizo uso de los insecticidas antes mencionados. Por otro, se intentó desecar zonas húmedas y evitar los estancamientos de agua. Aunque parece que no hubo grandes esfuerzos invertidos en esto. Este tipo de lucha tenía muchos problemas. España era un país pobre y los insecticidas eran caros. Esto limitó mucho las campañas y el uso que de estos hacían los agricultores. Además, la lucha contra las larvas implicaba el tratamiento de grandes extensiones. Un trabajo ingente que no se pudo llevar a cabo y que, además, tendría que haber realizado con asiduidad para mantener un buen control de las larvas. Contra esto, se propuso la lucha contra los adultos. Las zonas a tratar se reducían enormemente, ya que tan solo había que tratar las casas. Además, con el uso de insecticidas persistentes, se podían realizar impregnaciones que se mantenían activas durante varios meses. Esto reducía todavía más el trabajo. Se buscó la máxima eficiencia en la aplicación de insecticidas, cosa que se pudo hacer gracias a la minuciosa observación del comportamiento de los mosquitos. Como muestra, transcribo un par de párrafos donde el Dr Lozano explica detalles del comportamiento de los anofeles:

«Nuestro vector lo encontraremos siempre en los locales abrigados, con ventilación escasa y oscuridad acentuada, y sobre todo en un grado elevado de humedad. Los cobijos ideales son, pues, los establos, conejeras, zahurdas, gallineros, etc. Y es interesante hacer notar que en los pueblos con cuadras abundantes más del 90 por 100 de los mosquitos se hallarán en las cuadras. Por el contrario, la escasez o falta de ganado estabulado cambia dicha proporción, elevando el número de aquéllos en las viviendas humanas. Es su virtud la sola desinsectación de los establos, en el primer caso, bastará para interrumpir el ciclo infectivo, y a la inversa, la impregnación se deberá extender a todos los locales, con excepción de aquellos muy aireados, como secaderos de tabaco, etc., en el segundo caso. […]»

«El estudio de la biología de los vectores es condición obligada, pues, en toda campaña científicamente proyectada, y tanto más si se tiene en cuenta, como ya hemos enunciado, que la reiteración de las operaciones discurre en gran manera de acuerdo con la vida de aquéllos. Así, con excepción de los meses de muy alta temperatura y escasa humedad, nunca encontraremos mosquitos a alturas inferiores a los dos metros y sí en las zonas altas y en los techos, y con preferencia en los ángulos entre paredes y éstos. La desinsectación en banda, muy apropiada para insectos marchadores, carece de objeto y fundamento en la lucha antipalúdica. Ahora bien, por lo ya expuesto tampoco es necesario un mojado total, sino sólo de aquellas partes en las que se concentran los mosquitos. A ese respecto de todos es conocida la apetencia de los culícidos por situarse en las telas de araña de las cuadras. Sin embargo, dichas formaciones no son mojadas por las mezclas acuosas de los insecticidas en virtud del fenómeno de tensión superficial. Si, pues, dichas telas de araña no son destruídas previamente el éxito de la operación puede verse en verdad comprometido. (Páginas 23-25).»

Foto 3. Desinsectación de establos. Página 44.

Foto 3. Desinsectación de establos. Página 44.

El tercer factor es que España, a causa de su situación geográfica, tiene un clima con veranos calurosos e inviernos fríos. Esto implica que se de una pausa estacional en la reproducción de los mosquitos. Si España tuviera un clima como el de ciertas partes de África, dudo que se hubiera podido erradicar el paludismo. Es obvio. El conocimiento de la influencia del clima en los anofeles fue determinante. Escribe el doctor Lozano:

«En nuestra nación el A. maculipennis paraliza su función vectora influído por dos factores ínimamente ligados al ambiente palúdico: la temperatura y la humedad. Cuando la temperatura es inferior a los 10ºC iníciase el período de invernación de las hembras, y cuando la humedad baja del 30 por 100 la mortalidad de los mosquitos es tan grande que prácticamente su intervención como vectores de la enfermedad se anula. La invernación comienza prácticamente para nuestras zonas en el mes de noviembre, terminando en los últimos días de marzo o primeros de abril con el nacimiento de las nuevas generaciones. La sequedad de nuestro ambiente en verano significa una desinsectación natural. (Página 18).»

Estas observaciones marcaron el ritmo de las impregnaciones. En las zonas afectadas por paludismo, se rociaban los locales susceptibles de albergar mosquitos. Una primera pulverización se hacía al principio de la primavera, hacia marzo. Se intentaba que fuera justo antes del nacimiento de las primeras generaciones de anofeles o coincidiendo con estas. Una segunda impregnación se realizaba hacia principios de verano, en junio, que era cuando se daban tradicionalmente las primeras infecciones de paludismo. Con estas dos intervenciones, se controlaba a los mosquitos. A veces, se hacía una tercera impregnación contra las hembras invernantes. Se hacía a finales de septiembre, o entre mediados de diciembre y mediados de enero en las zonas donde se cobijan las hembras.

Foto 4. Desinsectación de establos. Página 44.

Foto 4. Desinsectación de establos. Página 44.

Como ya he remarcado, España contaba con personas de gran valía que pusieron sus esfuerzos en erradicar el paludismo. También hay que hacer constar todo el personal anónimo que participó en las campañas de impregnación. El trabajo físico de estas personas fue tan importante como el trabajo intelectual de aquellos. En las fotografías se puede ver al personal realizando las impregnaciones. Para acabar, comentar que España era un país con unas arcas limitadas. La ley estableció unas tarifas que debían pagar los propietarios de los locales por la desinsectación. En las zonas donde el paludismo era endémico, estas desinsectaciones eran obligadas.

-Lozano Morales, Álvaro: Teoría y práctica de la desinsectación en la lucha antipalúdica, Colección Folletos para Médicos, núm 31, Dirección General de Sanidad, Madrid, 1953 (55 páginas).

Información complementaria:

1.- Fernández Astasio, Balbina: La erradicación del paludismo en España: aspectos biológicos de la lucha antipalúdicaUniversidad Complutense de Madrid, 2002, ISBN 84-669-1686-5.

2.- Clavero del Campo, Gerardo: La lucha antipalúdica en España, Real Academia Nacional de Farmacia, 1950 (discurso para tomar posesión de una plaza de Académico de Número).

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