‘Desinfección y desinfectantes’ por Víctor María Cortezo (1909)

Fig 1. Primera brigada de Desinfección, organizada por el Parque Sanitario del Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII./ C. Pradera 08-2023

C. Pradera, Barcelona, 08-08-2023

El Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII fue creado en 1899 por iniciativa del médico Carlos María Cortezo y Prieto (1850-1933) a raíz de las diversas epidemias de cólera de finales del s. XIX. Pero quizás, lo que aceleró su constitución fue que en Oporto (Portugal) fue declarada la peste en aquel año. Fue instalado inicialmente en un local alquilado, una antigua vaquería, en la calle Ferraz, 98, bajo el nombre de Instituto de Sueroterapia, Vacunación y Bacteriología Alfonso XIII. La dirección del instituto recayó en Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), médico y premio Nóbel de Medicina. En 1910 se proyectó un nuevo edificio situado en la Moncloa que no estuvo terminado hasta 1915. Sus instalaciones acogieron la Escuela Nacional de Sanidad donde se impartieron enseñanzas de bacteriología, epidemiología, vacunoterapia, sueroterapia, análisis químicos, sanidad veterinaria, arquitectura e ingeniería sanitaria y desinfección [1, 2, 3].

Para hacer frente a las epidemias y evitar la transmisión de enfermedades infecto contagiosas se estableció un servicio de desinfección del que fue nombrado jefe en 1905 el médico Gustavo Pittaluga (1876-1956) y posteriormente en 1909 pasó su jefatura a manos de Víctor María Cortezo y Collantes (1880-1964) [4]. En este ínterin Cortezo escribió la obra ‘Desinfección y desinfectantes’, publicada por el Ministerio de la Gobernación y declarado oficial para los funcionarios de Sanidad con la finalidad de ordenar esta actividad. El texto consta de 286 páginas y tiene un carácter práctico para la organización y desarrollo de la desinfección. Se da cuenta de las enfermedades transmisibles, productos desinfectantes, aparatos de desinfección, aplicación, funcionamiento, etc. En resumen, es un libro guía para el resto de servicios de desinfección municipales y provinciales.

Fig 2. Primera página de ‘Desinfección y desinfectantes’ de Víctor María Cortezo, 1909./ C. Pradera 08-2023

Ahora bien, antes del libro de Cortezo en 1903 fue publicado la ‘Cartilla del desinfector’ por el médico César Chicote y del Riego (1861-1950), quien fuera director del Laboratorio Municipal de Madrid entre 1898 y 1932 [5]. El texto de Chicote fue la respuesta al Real Decreto del Ministerio de la Gobernación de 31 de octubre de 1901 «referente a las medidas y precauciones que han de adoptarse en los casos que puedan ocurrir de enfermedades contagiosas» [6]. Esta norma legal fue la primera que estableció la desinfección sistemática para casos de enfermos por peste, fiebre amarilla, cólera, lepra, viruela, sarampión, escarlatina, difteria, tifus, fiebre tifoidea y tuberculosis. Enfermedades que eran de obligada declaración a la autoridad municipal competente por parte del médico, jefe de familia o cualquier otra persona que cuidara al enfermo. Posteriormente siguieron otras leyes que ahondaron en el tema con el fin de controlar la propagación de enfermedades infecto contagiosas.

Quien tenga un poco de conocimiento sobre las enfermedades anteriormente apuntadas se dará cuenta de que no cabe la desinfección para atajar la epidemia de varias. El caso más evidente es la fiebre amarilla, cuyo virus causante es transmitido por el mosquito Aedes aegypti, también conocido como mosquito de la fiebre amarilla. Consta también en la lista el tifus, producido por bacterias del género Rickettsia que son transmitidas por el piojo (Pediculus humanus humanus) al infectar con sus heces las picaduras. Sin embargo, entonces no se tenía conocimiento de ello y eran enfermedades que causaban una epidemia de alcance desconocido. Pero antes de que la transmisión de estas enfermedades fuera conocida, fue instaurada la desinfección o profilaxis. Siguiendo los descubrimientos de Pasteur y toda la pléyade de médicos higienistas de la segunda mitad del s. XIX se llegó a la conclusión de que la única manera de controlar las epidemias era mediante la desinfección de personas, habitaciones, ropas y cualquier objeto que estuviera en contacto con la enfermedad. Como resultado, en 1891 el Ayuntamiento de Barcelona empezó a realizar desinfecciones por primera vez en España. Luego otros ayuntamientos crearon sus servicios de desinfección como una parte de la actividad de los laboratorios municipales.

Fig 3. Índice de ‘Desinfección y desinfectantes’ de Cortezo, 1909./ C. Pradera 08-2023

Toda esta actividad de desinfección fue creciendo hasta la década de 1940 cuando se vio su ineficacia para controlar las enfermedades definidas como infecto contagiosas. Sin embargo, había una inercia que llegó hasta la década de 1960. Algo parecido hemos vivido en la pandemia del coronavirus COVID-19 (2020-2021). Se creyó al principio que la desinfección de superficies podía disminuir la transmisión de coronavirus y se puso especial hincapié en ello llegando a producir escenas lastimosas de desinfecciones de calles y personas. La mayor parte de las desinfecciones fueron inútiles y solo sirvieron para dar una falsa seguridad. Sin embargo, lo que frenó su rápido avance fue una medida antigua como el aislamiento que funcionó en el pasado y sigue siendo útil y básica. Y lo acaecido con la pandemia devuelve a su lugar los efectos limitados de la desinfección.

Para hacerse una idea del libro, en las imágenes 3 y 4 se puede ver el índice. Se divide en dos partes. En la primera se define la infección y se describen las diferentes enfermedades infecciosas. De algunas se da cuenta de la desinfección como inútil. En el caso de la peste bubónica tenemos a las pulgas que transportan las ratas como organismo vector. Aunque con ello entra el concepto de desratización. Como he explicado en otras entradas de este blog, nuestro sector empieza en España con la desinfección y, con el aumento del conocimiento, entró en juego la actividad de la desratitzación y luego la desinsectación [8]. Pasamos entonces a ser el sector DDD, todo ello siguiendo lo que se hacía en Francias que era el país que a nivel científico nos guiaba. Y con el tiempo la actividad de la desinfección fue disminuyendo.

Fig 4. Índice de ‘Desinfección y desinfectantes’ de Cortezo, 1909./ C. Pradera 08-2023

La importancia de la desinfección se entiende con la definición que hace Cortezo: «Una desinfección es una victoria; la defensa sanitaria de un país, es algo más que una vulgar guerra d fronteras; tiene la grandeza de una guerra de independencia. Triunfar en esta causa, librar á la patria de invasiones exóticas, contrarrestar el desarrollo de endemias, etc., es deber de los allegados á la Sanidad Nacional; deber que, cumplido, no sólo laurea, sino que aureola, á los higienistas iniciadores, á las autoridades estimulantes y, en fin, al Estado que abraza y protege las campañas sanitarias» (pp. 65-66).

En la segunda parte se tratan los desinfectantes y todos los aparatos de desinfección (figura 5). En cada capítulo se detalla su acción y se describen las herramientas empleadas. Esta parte es interesante porque se comprende el uso de las diferentes máquinas que he visto en fotografías de los diferentes parques de desinfección que hubo en activo en España. En el penúltimo capítulo, el XV, está dedicado a la desratización. En aquella época las técnicas eran un poco limitadas. Se trata el virus Danysz para llevar a cabo una desratización masiva, el cual fue muy usado y del que he hablado en este blog [9]. Y también se tratan los aparatos de fumigación Clayton y Marot que servían para llevar a cabo desratizaciones en barcos por medio de la combustión de azufre. Gracias a este texto he podido comprender su funcionamiento. Como sabemos, cualquier barco que proviniera de zonas epidemiadas o que fuera sospechoso, era objeto de la fumigación antes de que tocara tierra.

Fig 5. Desplegable de ‘Desinfección y desinfectantes’ de Cortezo, 1909./ C. Pradera 08-2023

Para acabar, mencionar que, aunque el texto explica que algunos patógenos causantes de enfermedades son transmitidos por insectos, en ningún momento de la obra se propone la actividad de la desinsectación. Primero vino la desinfección, luego la desratización y, por último, la desinsectación en la década de 1920. Y apunto aquí lo curioso del caso. En enero de 1926 una Real Orden dispuso que los funcionarios de Sanidad girasen trimestralmente visitas a establecimientos de pública concurrencia para que cumplieran con las «debidas condiciones de higiene y salubridad» [10]. Esta actividad inspectora fue propiciada no por la transmisión de enfermedades, sino por la mala imagen que había en el extranjero de los hoteles y fondas por su abundancia de chinches de cama (Cimex).

Referencia bibliográfica:

– Cortezo, Víctor María. 1909. Desinfección y desinfectantes. Ministerio de la Gobernación, Madrid. 286 p. 18,5 x 12,5 cm.

Notas:

[1] Fernando Barango-Solís. 23-03-1928. El Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII. El Imparcial, Madrid. Año LXII, núm. 21.178, página 3.

[2] L. Sáiz Moreno. 1976. El Instituto Nacional de Higiene y la Escuela Nacional de Sanidad. Abolengo histórico y su proyección en el perfeccionamiento sanitario. Revista de Sanidad e Higiene Pública, 50: 1229-1241.

[3] E. Rodríguez Ocaña. 1994. La Salud Pública en España en el contexto europeo, 1890-1925. Revista de Sanidad e Higiene Pública, 68, 11-27.

[4] Á. Álvarez Sánchez. 2018. Víctor María Cortezo y Collantes. Real Academia de la Historia. Enlace: dbe.rah.es/biografias/23899/victor-maria-cortezo-y-collantes (consulta: 08-08-2023).

[5] César Chicote y del Riego. 1903. Manual del desinfector. Ayuntamiento de Madrid, Imprenta Municipal, 48 pp, 19 cm.

[6] Real Decreto de 31 de octubre de 1901 referente á las medidas y precauciones que han de adoptarse en los casos que puedan ocurrir de enfermedades contagiosas. Gaceta de Madrid núm 308, de 04/11/1901, páginas 553 a 554.

[7] C. Pradera. 11-01-2017. El desinfector. El desinsectador y desratizador.

[8] C. Pradera. 11-04-2021. Sobre la peste bubónica y el inicio de la desratización en España. El desinsectador y desratizador.

[9] C. Pradera. 10-01-2015. Virus Danysz, Muricida y Raticida Claramunt. El desinsectador y desratizador.

[10] Real orden de 2 de enero de 1926 disponiendo que por los funcionarios de Sanidad correspondiente se giren trimestralmente visitas a los establecimientos que se indican, con el fin de que se encuentren en las debidas condiciones de higiene y salubridad. Ministerio de la Gobernación. Gaceta de Madrid, núm. 5, de 5 de enero de 1926, página 57.

Fig 6. Desplegable de ‘Desinfección y desinfectantes’ de Cortezo, 1909./ C. Pradera 08-2023

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