Entrevista a J. M. Andrés

Fig 1. Recibo de Casa Grima de 1948.

Hace unas semanas J. M. Andrés dejó un comentario en un posteo que escribí sobre Casa Grima. Comentó que había trabajado en el año 1972 en esta antigua empresa de control de plagas. Le escribí si quería contestar a algunas preguntas y muy amablemente ha respondido. Agradezco mucho el haber respondido a las preguntas vía email.

Nos sitúa en una época donde las condiciones de trabajo eran duras. El empresariado operaba en el más puro oscurantismo. Los aplicadores no aplicaban sin protección productos sin saber los peligros que conllevaba. Además, las empresas formulaban ellas mismas los insecticidas. Hay que tener en cuenta que, en aquella época, muchos responsables de empresas eran químicos. No existía la figura del biólogo como hoy la conocemos en nuestro sector. La lucha era enteramente química.

J. M. Andrés aporta muchos datos interesantes de Casa Grima. Destaco la técnica de desinsectación por medio del uso de una bomba autoeyectora que proyectaba un fino aerosol. Nos explica que el disolvente del formulado era xileno. Una auténtica locura para la salud. Y no usaban protección individual. Es por esto que explica que los técnicos estaban poco tiempo y se marchaban.

¿En qué año empezaste en Casa Grima? ¿Qué edad tenías?

Tenía 18 años. Era el año 1972.

¿Dónde estaba situada Casa Grima?

La oficina la tenían en la calle de los Reyes en Madrid, al lado de la plaza de España. Y el almacén estaba en la calle Pelícano, al final de la avenida de Abrantes.

¿Por qué razón entraste a trabajar en Casa Grima?

Vine de provincias, de Palencia, y trabajabas en lo primero que pillabas. Y esto fue lo más rápido que encontré.

¿Tenías alguna experiencia anterior en control de plagas?

Ninguna experiencia salvo las que tenía en el campo dado que estuve 2 años en una escuela de capataces, a saber, contra el mildium –caldo bordelés–, las patatas, algún herbicida y poco más.

¿Cuándo dejaste de trabajar en Casa Grima?

Dejé de trabajar el año 1973. Fui despedido porque se me cayó la bombona de fumigar en un restaurante que estaba al comienzo de la calle donde se monta el rastro. Y sin más y de forma verbal, como se hacían las cosas entonces, fui despedido.

¿Qué pasó con la bombona?

Se cayó sobre un cristal de una de las puertas y se rompió el cristal. Ocurrió en el Restaurante Alba, en la calle Príncipe de Alba.

¿Pasaste a trabajar en alguna otra empresa de control de plagas?

No.

¿Qué formación te dieron?

Ninguna.

¿Te proporcionaron traje para trabajar?

Nunca nos proporcionaron traje de trabajo. Algunos se procuraban un buzo como los de albañil.

¿Cuál era tu puesto de trabajo? ¿Recuerdas la categoría laboral?

No existían categorías laborales dado que se cobraba sin nómina. Y además que, en mi historial profesional de la Seguridad Social, no consta que estuviese asegurado. Mi puesto de trabajo era el mismo que el de los demás, visitar a los clientes en día y hora concertada para realizar las operaciones contratadas que podían ser desinsectación, desinfección y desratización. He de decir a favor de los Grima que, precisamente en el año 1972, es cuando empieza a despegar de forma más efectiva la Seguridad Social que estaba estancada desde la Primera República.

¿Realizabas los tratamientos solo?

Nunca íbamos solos salvo que fuera un servicio de noche y alguien se pusiera enfermo. En el resto de los casos siempre íbamos dos o tres.

¿Cuáles eran los servicios más demandados?

Los más demandados eran la desinsectación de cucarachas en bares, restaurantes, cines, teatros, etc. Y la desratización en los mismos lugares.

¿Qué raticidas usaban?

El raticida era en granos en forma de cilindro.

¿Qué quieres decir con “en forma de cilindro”?

Me refiero a algo similar a pasta en forma de macarrón aunque algo más pequeño.

Por lo que describes parece que este formulado es lo que se llama pellet. ¿Cómo los aplicabas?

Se colocaban en cajitas cuadradas en lugares estratégicos de paso de ratas o al menos eso era lo que yo interpretaba porque los ponía donde me parecía. Vamos, que no había un método fijo a seguir. Se distribuía una cantidad fija en lugares diferentes bajo tu propio criterio.

¿Recuerdas dónde se compraba el raticida?

No recuerdo donde se adquiría.

¿Qué insecticidas usaban? ¿Quién los fabricaba?

No te puedo decir. Sé que comprábamos en Legazpi -una calle aledaña-, todas las semanas, alrededor de 100 litros de xileno que el encargado mezclaba con algún criterio que yo desconocía y lo introducía en bombonas. Y luego se introducía un gas para forzar la expulsión del contenido del tipo espray orientado al foco deseado.

¿Qué capacidad en litros tenían las bombonas?

Creo que un litro de líquido y luego el gas.

¿Contra qué usabais las bombonas autoeyectoras?

Principalmente contra cucarachas del café y contra cucarachas negras.

¿Recuerda las materias activas qué usaban?

No lo recuerdo, pero, como bien sabes, el xileno en cualquiera de sus componentes es altamente tóxico produciéndose constantes dolores de cabeza, vómitos y a veces, ahogo y/o falta de oxigeno con dificultad para respirar. Y yo era deportista.

¿Qué maquinaria tenías para realizar las desinsectaciones?

Solamente las bombonas antes señaladas que, mediante un giro a la izquierda de la tuerca principal, expulsaba su contenido de forma difuminada –espray- orientada al foco a fumigar.

¿No usabais alguna otra técnica como el pincelado o el pulverizado que es lo más común?

No, todo se hacía mediante las bombonas. La mezcla se preparaba con el disolvente xileno y otros productos que no recuerdo.

¿Cuántas bombonas de xileno vaciabas en un cliente?

Dependía del tamaño del local. Por ejemplo, había un restaurante en la puerta del sol que se usaban hasta tres bombonas entre cafeteras, cocinas y salones; en una camisería famosa de la calle Conde de Peñalver, dos botellas; en un taller de corte y confección de tres plantas, hasta seis bombonas; en discotecas y cines, también 4 o 5 botellas.

¿Contra qué otros insectos se realizaban las desinsectaciones?

Sólo recuerdo para cucarachas.

¿Qué cucarachas te daban más trabajo?

Principalmente las rubias del café de cafeterías y restaurantes. Eran inmortales. También daban trabajo las cucarachas negras que aparecían debajo de las cocinas.

¿Cada cuánto tiempo se realizaba la desinsectación con bombonas en un cliente como por ejemplo un restaurante?

Los restaurantes y los cines, algunos de ellos, una vez al mes y cada seis meses los teatros. Recuerdo el Teatro de la Latina porque nos regalaban alguna entrada para funciones en días flojos y en gallinero, o sea, lo más alto y cutre de la sala. El resto no recuerdo bien, pero dependía de la aparición de plagas.

¿Qué tipos de medidas se tomaban en los clientes antes de vaciar la bombona?

Ninguna. Algunos incluso estaban presentes y con las perolas de la cocina destapadas.

¿Realizabas tratamientos contra chinches? ¿Con qué insecticida trataba?

Creo que sí, en casas de misericordia, baños públicos como el de la plaza de Embajadores, pero no recuerdo mucho más. El insecticida no recuerdo aunque, tampoco me preocupaba mucho en ese tiempo y con esa edad, a parte de no tener conocimientos químicos. Si sé que había cantidades de bolsas de plástico con productos, creo que azufrados por el color, pero no podría pronunciarme en ese sentido.

¿Qué equipos de protección individual te dieron en Casa Grima?

Ninguno. Ten en cuenta que era 1972 y esto sí lo entiendo porque en la actualidad tengo tres especialidades de PRL de nivel superior. Pero no teníamos ni mascarillas ni caretas antigás, vamos, nada, a palo seco como los de Bilbao.

¿Te explicaron si los productos utilizados eran tóxicos?

No, y lo sabías dado que el hijo de Constantino Grima era licenciado en ciencias químicas y esas cosas las sabe un químico. De todas formas, ningún empleado duraba más de un año o hasta tres.

¿Con qué vehículo ibas a los clientes? ¿Era propio o de la empresa?

Eran vehículos de la empresa. Tenían dos vehículos: una furgoneta Sava J4 y un vehículo más pequeño Citroen 2CV. Por cierto, si estabas trabajando y te llevaba el coche la grúa, lo pagabas de tu bolsillo.

¿Recuerdas el nombre de algún cliente importante donde operaste?

Sí, cocinas de grandes hoteles, teatros, fundiciones de cobre y plomo, salas de rotativas de presa, restaurantes de lujo, pero que ya han cambiado el nombre. Recuerdo el Restaurante Lardhy. Nunca he visto una cocina con más mugre. Que me perdonen, pero si los clientes hubieran visto las cocinas no hubieran entrado a los salones a comer. También recuerdo hacer los hoteles Meliá, la compañía Iberia, los grandes restaurantes de verano de la Carretera de la Coruña en Madrid y en el Plantío. También estaban los grandes cines.

¿Recuerdas algún algún servicio que te gustara realizar?

La fumigación de las jardineras en el Aeropuerto de Barajas, que era el único medio de transporte hasta el avión. En esos tiempos no existían los fingers. Aunque ninguno era mejor que otro. Había un problema y es que cuando orientabas el flujo líquido por debajo de las cafeteras, te volvía todo a la cara con polvo y las propias cucarachas o el polvo que se concentraba debajo de las máquinas que cortaban el papel en las ediciones de prensa. Los servicios más cómodos de realizar eran cines y teatros.

¿Recuerdas cuántas personas trabajaban en Casa Grima?

Cuatro operarios en las actividades de desinsectación, desinfección y desratización. La oficina la regentaba un guardia civil jubilado y el encargado era un tal Julio que era semianalfabeto y vivía en el barrio de Manoteras. También estaban Constantino Grima y su señora. Y su hijo que, por cierto, tenía una pierna mas larga que la otra y llevaba un zapato ortopédico. También conocí al nieto de ambos que tenía gafas y no era muy agraciado.

¿Recuerda qué funciones tenían el Sr Constantino Grima?

Constantino Grima en esa época estaba creo que estaba ya jubilado y pasaba la mayor parte del tiempo en un chalet que tenían en el norte de Madrid en Mataelpino.

¿Recuerdas los precios que se cobraban a los clientes?

Los precios eran muy variados dependiendo de los metros de cada local que podía variar de 150 pesetas hasta las 15.000 de Barajas.

¿Recuerdas algo sobre cómo se realizaba la tarea comercial?

En el almacén que tenían en la calle Pelícano, que a la sazón es donde trabajábamos cuando no estábamos en algún servicio en la calle, había un mapa en la pared donde Madrid estaba dividido por zonas donde se repartían la clientela entre las empresas del sector, al estilo de la Mafia, dado que había, al menos, 6 ó 7 empresas más.

Muchas gracias por responder.

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