Carlos Pradera | Barcelona, 21-05-2026
Saturnino Calleja Fernández (Burgos, 1853 – Madrid, 1915) fue un popular editor de un tiempo muy interesante, el paso del siglo XIX al XX en España (figura 2). Se caracterizó por poner al alcance del pueblo libros a un precio económico. Su voluntad de ilustrar al pueblo, permitió elevar el nivel cultural de los españoles [1, 2].
Nació en Burgos donde se trasladó a Madrid. Su padre fundó en 1876 una librería en la calle Paz. Adquirió el negocio a su padre en 1879 para convertirlo en la Casa Editorial Saturnino Calleja. Era consciente del poder de la palabra escrita y, llevado por la grandeza que unas pocas almas tienen, se propuso poner los libros en manos del pueblo. Llegó a hacer grandes tiradas de libros por lo que pudo ajustar costes y abaratar precios. Se calcula que esta casa editorial llegó a publicar más de 3.000 títulos con los que logró la impresión de 3.400.000 volúmenes [1, 2].
En una época en la que sabía leer y escribir menos de una cuarta parte de la población, Saturnino Calleja ayudó en su alfabetización. Es por ello que sus publicaciones al principio eran textos escolares de diversa índole. A partir de 1884 incorporó los cuentos infantiles que hicieron las delicias de los más jóvenes [3]. Tal fue su fama que hasta nuestros días ha llegado la expresión común «tienes más cuento que Calleja». Estos cuentos no solo entretenían, sino que enseñaban valores. De aquí que se calificaban como de «cuento moral» (figura 3). Además de bellos en palabras, los cuentos estaban bellamente ilustrados con grabados.
Un cuento que resume el espíritu de la editorial es ‘El arte de matar ratas’ (figura 1). Desconozco si es una obra original o adaptada de otra lengua, así como su autoría. Los cuentos de esta editorial fueron escritos por diversos autores, entres los que se encontraba el propio Saturnino Calleja. Lo adquirí porque habla del control de ratas. Y cualquier tema que tenga que ver con mi oficio, me resulta interesante.
Cuenta la historia de un niño que idea un plan para eliminar las ratas que viajan a bordo de un buque noruego (figuras 4-10). El buque viaja cargado de ratas cuando llega a Vigo procedente de Sevilla. Y ante este problema, publica un anuncio para premiar a quien los libre de las ratas. Aparece un niño con un plan que parece sencillo, pero no lo es a nivel práctico. Plantea una fumigación en toda regla. Se trata de producir ácido carbónico de la mezcla de ácido sulfúrico y bicarbonato de sodio. Entiéndase en el texto ácido carbónico (H2CO3) como sinónimo de dióxido de carbono (CO2). Aunque son dos sustancias diferentes, en algunos textos aparecen como sinónimos. De hecho, recuerdo leer en la composición de algunas bebidas ácido carbónico en vez de dióxido de carbono. El resultado es un éxito y mueren todas las ratas.
Sin embargo, no es fácil generar el dióxido de carbono que, además, se ha de hacer en grandes cantidades para conseguir una anoxia en todo el barco. No solo ha de llegar a las partes bajas, sino a las altas. Los buques antaño iban cargados de rata de campo (Rattus rattus) que tiene una gran habilidad para trepar. Sin embargo, los detalles no importan. El cuento moral ha funcionado. Ha instruido a un niño hacia la inteligencia.
Huelga decir que entonces las ratas en los barcos eran un gran problema de salud pública. En 1905, hubo un brote de peste bubónica en Barcelona [4]. Entonces, los barcos que llegaban de zonas epidemiadas eran obligados a pasar una cuarentena. Desde China y posteriormente India llegaban barcos con ratas pestosas. Si se detectaban ratas a bordo, el médico de Sanidad Exterior recetaba una caza a la rata en toda regla. Se procedía a una eliminación que, entonces, consistía principalmente en la quema de azufre en calderos para generar dióxido de azufre (SO2) [5]. Era un método económico y efectivo usado desde antiguo para eliminar chinches de cama en habitaciones. También fueron propuestos otros gases como el monóxido de carbono (CO), con poco éxito, o el ácido cianhídrico (HCN), con más éxito. De hecho, más de un siglo después se sigue utilizando este ácido generado, en la actualidad, desde botellas presurizadas.
Referencia bibliográfica:
– Anónimo. 1901. El arte de matar ratas. Recreo infantil, 171. Saturnino Calleja, Madrid. 15 pp. 10×7 cm.
Notas:
[1] J. Ruiz Berrio. Saturnino Calleja Fernández. Real Academia de la Historia <historia-hispanica.rah.es/biografias/8761-saturnino-calleja-fernandez> [consulta: 21-05-2026].
[2] Saturnino Calleja. Wikipedia <es.wikipedia.org/wiki/Saturnino_Calleja> [consulta: 21-05-2026].
[3] Vivir del cuento. Revive Madrid <revivemadrid.com/literatos/saturnino-calleja> [consulta: 21-05-2026].
[4] C. Pradera. 11-04-2021. Sobre la peste bubónica en Barcelona y el inicio de la desratización en España. El desinsectador y desratizador.
[5] C. Pradera. 17-04-2013. Sobre la sulfuración. El desinsectador y desratizador.









