Sobre la sulfuración

Fig 1. Postal donde se puede ver la estación sanitaria del puerto de Garrucha (Almería).

En este posteo voy a escribir unas notas sobre la sulfuración. Esta consiste en quemar azufre en un recinto cerrado para que los vapores resultantes penetren por todos los lugares a tratar. La combustión del azufre produce dióxido de azufre, SO2, un gas incoloro muy tóxico para los insectos. El uso de azufre para realizar desinfecciones se remonta a tiempos inmemoriales. El resultante de su combustión, el dióxido de azufre, debe de ser el fumigante más antiguo que se conoce. Su uso decayó a partir de la década de 1920 cuando empezó a ser sustituido por el ácido cianhídrico. El hecho de que el azufre fuera usado desde la antigüedad se debe a que es un elemento químico muy común en la Tierra y se encuentra fácilmente en estado puro. El azufre tiene, entre otras, propiedades medicinales y antisépticas. Se sabe que los egipcios lo usaban para purificar los templos. Esta práctica de desinfección debió pasar a Grecia. En el poema homérico ‘La Odisea’, escrito hacia el siglo VIII a. C., aparece el azufre para eliminar los malos olores en un palacio. En su ‘Historia Natural’, escrita en el siglo I, el escritor romano Plinio el Viejo advierte de los peligros de la exposición al azufre y de sus síntomas respiratorios. Este autor explica que los mineros usaban vejigas de buey a modo de mascarilla para evitar la inhalación de polvos. Además de este uso antiséptico, el azufre también se usó desde antiguo para combatir plagas mediante la fumigación de graneros. En el libro ‘Colección de recetas fáciles y seguras’ de 1841 se explica cómo realizar una sulfuración contra chinches (página 18):

«En las casas viejas cuyas paredes están resquebrajadas, tiene muy buen resultado la operación siguiente: se tapan esactamente todas las aberturas; se pegan listas de papel encolado a todas las junturas de las puertas y de las ventanas; se enciende un brasero en medio de la pieza, y cuando los carbones están del todo encendidos, se echa sobre ellos media libra de flor de azufre. Sin detención se deja la estancia, cerrando la puerta en los mismos términos. Pasadas seis horas se abren las puertas y las ventanas con precaución para no sofocarse. El vapor sulfuroso penetra por todas partes y no queda una chinche viva; mas los huevos no se han destruido todos, y por eso se hace una primera operación en junio y la segunda en setiembre para acabar con los que habían quedado y producido sus crías. Algunos añaden inútilmente la asafétida, que no tiene otra propiedad más que la de esparcir un olor fétido.»

El azufre fue usado también para desinsectar cuadras y locales destinados a albergar animales. Una aplicación más focalizado fue la de realizar sulfuraciones directamente sobre animales. Para esto, era necesario construir unas cámaras que  cubrieran al animal a excepción de la cabeza para que pudiera respirar. En la imagen número 2 se puede ver un ejemplo de cámara fija para caballos a la que está conectado un aparato sulfurador modelo Clayton. La imagen es de 1943 y pertenece al Cuerpo Nacional de Veterinaria del Ejército Español. Además de estas cámaras fijas, había cámaras móviles en remolques para ser transportadas allá donde fueran necesarias. Imagino que también debían de hacerse estas sulfuraciones en veterinaria no militar.

Fig 2. Soldados de veterinaria militar del Ejército Español realizando una desparasitación de cámara fija mediante un aparato sulfurador modelo Clayton en 1943.

Además de utilizarse para el control de insectos, la sulfuración fue muy usada para realizar desratizaciones en buques (figura 3). En el pasado, es a través de barcos que cubrían rutas comerciales que llegaron males tales como la peste bubónica. Esta está causada por un bacilo que transmiten las pulgas que hacen de puente entre ratas y humanos. Para protegerse de este mal, era necesario realizar una fumigación que eliminara por igual a ratas y a pulgas. En España, la vigilancia sanitaria de los puertos estaba en manos de Sanidad Exterior, cuyo reglamento fue aprobado el 27 de octubre de 1899. Cada puerto contaba con una estación sanitaria que estaba a cargo de un médico el cual determinaba el tratamiento a realizar en el buque. La sulfuración fue muy usada para estos menesteres a partir de mediados del siglo XIX y se convirtió en un método económico y de gran eficacia. Esta fumigación, junto con las cuarentenas, eran los puntales para prevenir la llegada de enfermedades. La sulfuración estuvo vigente hasta que el uso del ácido cianhídrico se extendió a partir de la década de 1920. Hay que decir que la cianhidrización era más peligrosa y que requería manos expertas, pero los vapores de cianuro eran mucho más efectivos.

El sistema más sencillo de realizar una sulfuración era quemar azufre en una olla de hierro. Este sistema no es perfecto. Fue por ello que fueron ideados aparatos que fueron llamados sulfuradores. Para hacerse una idea de la tecnología desarrollada para realizar las sulfuraciones, transcribo un texto publicado en 1943 en los ‘Anales de la Real Academia de Medicina’ (Tomo LX, Cuaderno 3, Madrid, pp 331-332). En este texto se explica el modo de operar para realizar la sulfuración y se enumeran los aparatos sulfuradores que se usaban en España:

«La sulfuración consiste en cargar de anhídrido sulfuroso la atmósfera de un local. En concentración al 3 por 100, produce lesiones pulmonares a las ratas, acabando por matarlas. En la misma concentración, se emplea también como insecticida.

Su baratura, poder desinfectante, facilidad de evitar sus peligros por su olor, hacen sea muy empleado. Ataca al algodón y lino y actúa sobre sustancias orgánicas (necesidad de desalojarlas cuando se va a emplear en un local).

La marcha de la operación es la siguiente: 1, preparación del local (cubicación, cierres perfectos, etc.); desprender gas hasta debida concentración (ratas, 3 por 100; desinfectar 9 por 100); el número de metros cúbicos se multiplica por 50 (azufre) o por 90 (anhídrido sulfuroso), y nos dará las cantidades de azufre o de anhídrido sulfuroso para lograr dicho 3 por 100. El resultado se hará triple cuando se necesite la concentración del 9 por 100; 3, tiempo de contacto (dos horas después de lograda la concentración); 4, ventilación.

El anhídrido sulfuroso puede engendrarse por combustión directa del azufre (flor de azufre, azufre cañón), puede hacerse sin aparatos (Pot Method, de Rosenau), procedimiento imperfecto, pues se quema poco azufre, no llegando a la concentración del 1,6 por 100 (al quemarse el azufre, coge O para el anhídrido sulfuroso, acabando su combustión). Se emplean aparatos como el Toccidant (sulfuro de antimonio).

Puede obtenerse el gas fuera del local y serle a este inyectado; son los aparatos sulfuradores, tipos Genester-Herscher y Vasaco. Los hay también por aspiración e inyección, Clayton. En otros sistemas, la sulfuración se hace por el anhídrido sulfuroso líquido (cómodo y limpio de manejar, sin peligro de incendio, por no utilizarse lumbre). En el comercio se facilita el anhídrido sulfuroso en envases metálicos y sifones de  vidrio, puro, liquidado a presiones de 3 atmósferas. Puede utilizarse directamente o con aparatos como el Sanitoclaner, Marot, The Sulfurato (mezcla gaseosa llamada “gas neón”).

Se usa mucho civilmente “Le Toccidant”, y el Clayton y Marot, sobre todo el primero, en el Ejército.»

Para finalizar, recomiendo la lectura del estudio realizado por Dr. C. L. Williams y que se titula ‘El bióxido de azufre para la fumigación de los buques; modo de emplearlo y esperanzas de perfeccionarlo’, publicado por la Oficina Sanitaria Panamericana en marzo de 1934 (páginas 221-231). La fotografía número 2 ha sido tomada del artículo escrito por Dabid Tabanera del Real titulado ‘Veterinaria militar, su evolución en el siglo XX’, publicado por el Cuerpo Nacional de Veterinarios.

Fig 3. La época, Madrid, miércoles 22 de febrero de 1911, página 4, año LXIII, núm. 21.664.

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