‘Colección de recetas fáciles y seguras’ de la Imprenta de la Sota, Madrid (1841)

Fig 1. ‘Colección de recetas fáciles y seguras’ de 1841./ C. Pradera 04-2013

C. Pradera, Barcelona, 12-04-2013

He adquirido un libro de 1841 con el siguiente título descriptivo: ‘Colección de recetas fáciles y seguras para destruir las chinches, pulgas, moscas, mosquitos, polillas, ratas, ratones, correderas y demás animales que tantos estragos hacen en las casas’. No consta el autor. Fue publicado por la Imprenta de la Sota de la calle Jardines de Madrid [1]. Tal y como se describe en la primera página, el origen del texto es un “estractado de lo que sobre este particular han escrito varios autores tanto nacionales como estrangeros”. No hay referencias y no sabemos de qué autores se trata.

Es un libro de pequeño tamaño (10 x 7’5 cm) que consta de 79 páginas. Hoy lo definiríamos como un libro de bolsillo. Y es además un libro para todos los públicos con un carácter eminentemente práctico. En el breve prólogo, el autor explica su intención de “poner al alcance de todas las clases aun las más pobres, una porción de métodos y recetas para que su uso les sirva de preservativo contra las molestias que causan en las casas ciertos animalillos en esta estación de verano”. También deja claro que el texto no contiene relaciones históricas, anécdotas, descripciones, citas, etc., todo lo cual haría un libro voluminoso y haría  “perder el tiempo” al público y “gastar su dinero”. De acuerdo a ello, la prosa es sencilla y directa para exponer los más diversos remedios. A pesar de ello, se nota la mano del naturalista que maneja una serie de términos que no están al alcance de personas con poca formación.

Fig 2. Páginas 4 y 5 de ‘Colección de recetas fáciles y seguras’ de 1841./ C. Pradera 04-2013

Para hacerse una idea del tipo de contenido, he transcrito el primer capítulo dedicado a las chinches de cama, páginas 5 a 19, que añado al final. Empieza hablando en general de las chinches para luego centrarse en las chinches de cama. Dedica la mitad del capítulo a describir la forma y comportamiento. Y luego dedica la otra mitad a los diversos remedios y métodos de exterminio entre los cuales figuran algunos curiosos como el uso de polvo de sanguijuelas. Otros remedios son ingeniosos como el del zarzo de mimbre. Y alguno es verdaderamente efectivo como la sulfuración, método al que he dedicado un artículo porque se utilizó mucho desde tiempos antiguos [2]. Consiste en algo tan simple como quemar azufre para producir dióxido de azufre, un gas tóxico y eficaz contra insectos y demás animales.

El libro tiene los siguientes capítulos: las chinches (pág. 5), de las pulgas (pág. 19), los mosquitos (pág. 26), de las moscas (pág. 29), de la polilla (pág. 35), hormiga (pág. 41), los alacranes (pág. 47), de las picadas de las abejas y de las avispas (pág. 54), las garrapatas (pág. 56), las curianas o correderas [3] (pág. 57), las ratas (pág. 61), los ratones (pág. 68).

Como se constata, hace dos siglos tenían las mismas preocupaciones que hoy en día en cuanto a organismos nocivos considerados plagas. Es interesante el orden porque da cuenta de lo que más preocupaba. Por supuesto, está claro que el primer lugar lo debían ocupar las chinches de cama. Muestra que estos insectos son los que hasta tiempos recientes más han preocupado a la humanidad. Andamos con las chinches desde que nos cayeron literalmente encima en la prehistoria cuando habitábamos las cuevas. Como sabemos quienes nos dedicamos al control de plagas, las chinches son difíciles de combatir y erradicar.

Respecto a la autoría del libro, es un misterio. Una cosa sí tengo clara, el autor no es español. Seguramente sea francés. De hecho, este texto es una traducción, ya que en 1853 la Imprenta de D. M. Romeral y Fonseca de Madrid publicó una nueva versión bajo el título ‘El esterminador de las chinches, pulgas y piojos’ [4]. En su primera página aparecen las iniciales D. A. R. como autor de la traducción y se explicita que es una “novísima edición”. Y en efecto lo es. Además de ser una nueva traducción, el texto incorpora nuevos párrafos, pero también se eliminan algunos.

Para finalizar, añadir que he transcrito el texto del primer capítulo respetando la ortografía de la época. Tan solo he realizado una corrección de los acentos según las normas actuales.

Referencia bibliográfica:

– Anónimo. 1841. Colección de recetas fáciles y seguras para destruir las chinches, pulgas, moscas, mosquitos, polillas, ratas, ratones, correderas y demás animales que tantos estragos hacen en las casas. Imprenta de La Sota, Calle Jardines, Madrid. 79 páginas. 10 x 7’5 cm.

Notas:

[1] El libro fue impreso por Imprenta la Sota, pero vendido en la librería de Cuesta de Madrid que se encontraba frente a las Covachuelas, según consta en la última página.

[2] C. Pradera. 17-04-2013. Sobre la sulfuración. El desinsectador y desratizador.

[3] Denominaciones antiguas para definir a la cucaracha oriental (Blatta orientalis).

[4] C. Pradera. 14-04-2013. ‘El esterminador de las chinches, pulgas y piojos’ de la Imprenta de D. M. Romeral y Fonseca, Madrid (1853). El desinsectador y desratizador.

*   *   *

«LAS CHINCHES.

Estos animalillos pertenecen al orden de los hemípteros, familia de los geocorises, y hay de ellos un gran número de géneros, que los más se alimentan del jugo nutricio de los vejetales.

Algunas especies atacan a las hortalizas, y particularmente a las coles. Estas chinches se descubren fácilmente por su hermoso color negro con pintas encarnadas. Como no dan mal olor, es fácil destruirlas cogiéndolas con los dedos y echándolas en un vaso que contenga agua y jabón.

La cochinilla es una especie de chinche.

Hay también chinches de agua, que vuelan y que tienen un aguijón muy penetrante.

La llamada chinche de los jardines (lygea aptera: lygaeus apterus), que hiede mucho, se encuentra algunas veces en una cantidad innumerable al pie de ciertos árboles, en los que no dejan de hacer algún estrago. Para destruirlas se riegan estos con agua hirviendo si son bastante gruesos que no haya que temer que enfermen. Tambien se rocían con legía, y aún con sublimado corrosivo, disolviendo una onza en veinte o treinta cuartillos de agua a fin de que no perjudique a los árboles.

Pero la chinche de que vamos a hablar es el címex lectularius de Lineo, o la chinche casera. Se cree que esta palabra címex viene de otra griega que significa estar acostado, y sin duda dieron este nombre a la chinche por la inclinación que tiene a dormir en las camas. Los franceses la llaman punaise, y dicen que es palabra derivada de la latina punicea, que quiere decir color de púrpura, y que se dio este nombre a aquel insecto por motivo de su color; ¿y por qué no hemos de decir sin ir tan lejos, que de la palabra punaise vine del verbo francés puer, que significa hederoler mal?

Este insecto tiene la forma de una lenteja; y es de una sustancia tan blanda, que a poco que se la toque se despachurra. Su color es de canela un poco oscuro y que tira a encarnado. A los dos lados de la cabeza tiene dos ojitos negros un poco sacados. Su pico es corvo: el galillo le cuelga debajo del pecho, y este tiene al rededor una especie de marco que le separa de lo demás del cuerpo. Las entenas o cuernos son cortos, y se componen de tres articulaciones. Tiene además una trompa con que chupa la sangre y un taladro con que barrena la madera. La trompa sale de la parte anterior de la cabeza, y está retorcida hacia abajo, de modo que cuando el animal está quieto la coloca entre las dos patas delanteras. El coselete se compone solo de un anillo un poco ancho, del cual nacen las dos patas primeras; las otras cuatro nacen del cuerpo, el cual tiene nueve anillos. En el primer anillo hay una sesgadura formada por una pieza triangular que engarza el cuerpo con el coselete. Cada pata tiene tres articulaciones, y los pies rematan en un gancho puntiagudo, parecido a un anzuelo. El primer par de patas es más corto que el segundo, y este que el tercero. El cuerpo es enteramente liso; pero con el microscopio se ven algunos pelitos cortos al rededor del ano y en las orillas de los últimos anillos.

Los cuernecitos de las chinches son sumamente hermosos; y es de creer que la naturaleza no se los haya dado tan solo para adorno, sino para que tanteen con ellos el camino y conozcan si hay algun obstáculo que pueda estorvarles el paso. Lo cierto es que siempre que van andando llevan los cuernecitos apuntados hacia el sitio a donde se dirigen.

Las chinches huyen de la luz, y se mueven, se avivan y despiertan en viéndose a oscuras. Se multiplican prodigiosamente. El frío muy fuerte las mata; pero no daña a los huevos que dejan en los sitios que han habitado.

Estos se abren lo mismo es empezar el calor, y el insecto que sale es tan pequeño que apenas se le distingue; pero anda y corre velozmente desde el momento que nace. Si encuentra alimento de su gusto, crece en muy poco tiempo y va aumentándose sensiblemente su volumen a proporción que va chupando sangre.

Según parece este es el manjar mas sabroso para las chinches; pues todo su estudio es ver como pueden sorprender a las personas dormidas, y por más que se haga no hay medio para evitar la incomodidad que causan si las hay en la cama o en la alcoba en que uno duerme.

Lo que mas contribuye a que los huevos de las chinches se abran con facilidad es la podredumbre, y por lo tanto si ademas de las exalaciones que salen de nuestros cuerpos, hay materias pútridas cerca de las camas, la cría de las chinches será mejor y más abundante. Por esta razón nacen con mayor abundancia en las casas viejas, cuyas maderas están ya carcomidas, en las camas de madera, principalmente si esta es de pino, en los cuartos que están cerca de los palomares, en los gergones, cuya paja no se renueva a menudo, y en los estantes en que hay libros viejos y llenos de polvo. Las habitaciones altas y secas son más propensas a criar chinches que las bajas y húmedas, y las que están al mediodía más que las que miran la norte.

Aunque la sangre sea el alimento favorito de estos insectos, se mantienen también de carne, de lana y de madera tierna o podrida; esto es, de la humedad que encuentran en estas materias y en todas las sustancias corrompidas. También se cree que estos insectos se comen unos a otros como hacen las arañas.

La sangre de las chinches es tan espesa y tan glutinosa, que el aire contenido en sus pulmones no tendría bastante fuerza para hacerla circular; pero la naturaleza ha remediado esta falta dándoles una traquearteria que va de un estremo del cuerpo a otro, distribuyendo por todo él ramales que corresponden a muchos agugeritos que hay a derecha e izquierda, y que son otros tantos respiraderos. En esto consiste el que estos animales y todos los insectos mueren cuando se les moja con aceite, porque este líquido pegajoso les cierra los conductos de la respiración.

Se ha propuesto un gran número de remedios para esterminar las chinches; pero no todos tienen el mismo resultado. Vamos a indicar los mas curiosos y eficaces.

Poso de manteca. Se hierve manteca y se echa el poso en un sitio en que haya chinches y se ve que todas se hartan hasta que revientan.

Humo de sanguijuelas. Plinio dice que el humo de sanguijuelas mata a las chinches, y que el humo de las chinches mata las sanguijuelas.

Lienzo mojado. Algunos cuelgan de la cama en que duermen un pedazo de lienzo empapado en agua fría; y dicen que las chinches huyen de la frescura que despide. También se asegura que en poniendo debajo de la cama una vasija de agua fría sucede lo mismo.

Hiel de buey. Desleída en agua mata las chinches y tiene la ventaja de que no mancha la ropa.

Polvos de cantáridas. Una infusión de polvos de cantáridas en espíritu de vino por espacio de cuarenta y ocho horas, acaba no solo con las chinches, sino también con los huevos, lavando con este licor los nidos.

Óxido de hierro. El óxido de hierro empleado como los otros ingredientes de que hemos hablado produce los mismos efectos.

Zarzos de mimbres. Se hacen estos zarzos de diez y ocho pulgadas de ancho, y del largo del ancho de la cama, donde se colocan en una posición vertical entre los colchones y el respaldar. La persona encargada al hacer la cama, quita el zarzo con mucho tiento todas las mañanas, lo sacude bien en el suelo y destripa todas las chinches que se han refugiado a él y van cayendo.

Lavado de la armazón de las camas. Luego que se descubre que las camas de madera están plagadas, se desarman y se mete cada una de sus piezas en agua hirviendo, dándole después un nuevo barniz. Si la calidad de la madera no permite hacer esta operación, se toma esencia de trementina y se introduce con un pincel en todas las hendiduras donde pueden meterse las chinches.

Dicen que el olor de la hoja del nogal es un preservativo contra estos animales, siendo suficiente poner estas hojas por todos los sitios que habitan para obligarlas a huir de ellos y también de la habitación.

Cuando las chinches se han retirado a las techumbres viejas o ensamblados y a las grietas de las paredes, para hacerles perecer, se prepara un betún hecho con ajo y cal blanca, a que se añade una poca de esencia de trementina, que precedentemente se ha disuelto en espíritu de vino. Se introduce un poco de alcanfor en polvo y de esencia de trementina en los agujeros, y luego se tapan herméticamente con esta composición o masa.

Si los adornos de una habitación o sala permiten regar las paredes sin que estos sufran deterioro, se prepara el licor siguiente: se disuelve en espíritu de vino media onza de esencia de trementina, y en el mismo líquido separadamente se deslíen dos dracmas de sublimado corrosivo y media onza de alcanfor; luego que estas disoluciones están perfectas, se mezclan en un vaso grande y se hecha media azumbre de agua destilada o agua de pozo, cuidando moverla continuamente hasta que se forma un licor un poco alechado, el cual antes de emplearlos se revuelve bien. De esta lechada se ponen capas por todos los sitios donde se ve que las chinches se retiran; y para ello se hace uso de una brocha de cerdas muy espesa. Muchas personas emplean otras composiciones; mas nosotros podemos asegurar que esta es la mejor, y que remplaza con ventaja a las muy ponderadas por los charlatanes vendedores de específicos.

En las casas viejas cuyas paredes están resquebrajadas, tiene muy buen resultado la operación siguiente: se tapan esactamente todas las aberturas; se pegan listas de papel encolado a todas las junturas de las puertas y de las ventanas; se enciende un brasero en medio de la pieza, y cuando los carbones están del todo encendidos, se echa sobre ellos media libra de flor de azufre. Sin detención se deja la estancia, cerrando la puerta en los mismos términos. Pasadas seis horas se abren las puertas y las ventanas con precaución para no sofocarse. El vapor sulfuroso penetra por todas partes y no queda una chinche viva; mas los huevos no se han destruido todos, y por eso se hace una primera operación en junio y la segunda en setiembre para acabar con los que habían quedado y producido sus crías. Algunos añaden inútilmente la asafétida, que no tiene otra propiedad más que la de esparcir un olor fétido.

También se aconseja la fumigación de cloro, de gas nitroso y de ácido hidroclórico; mas como la flor de azufre es un medio más sencillo y que produce efecto constantemente, es inútil hablar de los demás.

Se advierte que para quemar el azufre es preciso retirar los muebles de metal, que podrían sufrir alteración por el ácido sulfuroso.»

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