Termitas subterráneas en la N-230

Fig 1. Panel informativo con mapa de la zona. / C. Pradera 07-2012

Carlos Pradera, Barcelona, 04-08-2012

Hace unos días estuve disfrutando de los Pirineos, magnífica cordillera en la que me encuentro a gusto en cualquiera de sus partes. Me fui a uno de esos valles de alta montaña donde no hay casi cobertura de móvil. Estuve en el Valle de Bujaruelo, en Aragón. Y de camino hacia tan magnífico lugar recorrí parte de la carretera Nacional 230. A pocos quilómetros antes de llegar a Benabarre viniendo de Alfarrás, hay un área de descanso con mesas de cemento para poder hacer un alto en el camino. Este lugar fue el elegido para hacer una comida rápida. Por suerte, una de las mesas estaba bajo la cubierta de un árbol. El sol pegaba fuerte y se oía a las cigarras cantar a gusto.

Fig 2. Galería de termitas sobre la viga horizontal que sujeta el panel. / C. Pradera 07-2012

Después de llenar el estómago me acerqué a un panel informativo donde había un mapa de la zona. Me gusta curiosear los mapas. No solo sirven para orientarte y conocer la orografía, sino que tienen su aspecto filológico. Me gusta leer los nombres de los pueblos y establecer relaciones con la historia lingüística. En la imagen número 1 se puede ver una vista general del panel. Tenía el atractivo de un tejadillo de dos aguas con tejas de pizarra. Como se puede ver, el panel estaba construido con madera. Al ir a mirar el mapa observé la estructura de madera. Tenía el típico color gris que adquiere la madera que está expuesta al sol sin protección. Los rayos solares lo degradan todo. Y en concreto, los rayos ultravioletas van degradando la lignina de la madera y dejan la celulosa por lo que adquiere esa tonalidad gris de la madera largamente expuesta a las inclemencias del tiempo.

Fig 3. Zona degradada por ataque de termitas en un poste. / C. Pradera 07-2012

El panel debía llevar allí una decena de años. Pensé que los protectores de la madera con los que  habían impregnado las maderas estarían a punto de desaparecer. Y por tanto, la madera estaría desprotegida frente al ataque de los agentes bióticos xilófagos. Una de las patas que sujetaba el panel tenía pinta de estar atacado por termita subterránea (Reticulitermes). Cuando vi aquello, centré mi atención en encontrar termitas. Cogí las llaves del coche y empecé a hurgar en la madera de un poste. En la imagen número 3 se puede ver el poste. Se podían ver galerías de termita, pero no vi ninguna activa con obreras. Además, había otros insectos instalados y pensé que esas galerías eran antiguas y que las termitas debían estar atacando por otro lugar. Así que me puse a mirar detenidamente y vi una chimenea que subía por otro lado del mismo poste. Con la llave del coche deshice una parte de la galería y apareció una termita. Al cabo de nada, aparecieron más termitas y se pusieron a reconstruir la galería deshecha.

Tomé unas cuantas fotografías con la cámara digital. Se trata de una cámara muy sencilla que tiene función macro, pero con limitaciones. Si el insecto a retratar es muy pequeño, pues muy bien no se verá. Tomé fotos con gran resolución para que se pudieran ver estos insectos tan curiosos y laboriosos.

Fig 4. Esquina del panel con termitas asomando la cabeza. / C. Pradera 07-2012

En la Península Ibérica tenemos dos especies de termitas subterráneas, Reticulitermes banyulensis y Reticulitermes grassei. Y también tenemos una especie de termita aérea, Kalotermes flavicollis. Las termitas subterráneas establecen un nido bajo tierra y las obreras se desplazan por galerías buscando madera de la que alimentarse. En concreto, se alimentan de la celulosa que es su fuente de energía. Pueden formar grandes colonias de miles de individuos. Se encuentran por toda la península por debajo de los 1.000 metros de altitud. R. banyulensis se distribuye por el este y, R. grassei, por el oeste. En cambio, las termitas aéreas establecen su nido en la misma madera de la que se alimentan y forman pequeñas colonias.

Después de tomar las fotografías, me supo mal haber destrozado una chimenea para fisgonear. Así que lo mejor fue dejarlas en paz. Una cosa es que a uno le paguen por eliminar termitas cuando estas están en una vivienda y amenazan su integridad. Y otra es ir a hacer daño en un paraje tan bello y a unos pobres bichillos tan bonitos e indefensos.

Fig 6. Termitas reparando la abertura en la galería./ C. Pradera 07-2012

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .