Sírfidos: Milesia cabroniformis

Fig 1. Milesia cabroniformis./ Desinsectador 2012

Esta semana estuve en un cliente que está en la montaña del Tibidabo. Este cliente tiene unas vistas maravillosas de Barcelona. Cada vez que subo allí, es como si saliera de la gran urbe dejando atrás el mundanal ruido. Se encuentra, por tanto, rodeado de bosque y allí siempre se pueden descubrir cosas nuevas. Para una persona como yo que tiene gran curiosidad y se siente un gran ignorante, este cliente es un lujo. Y resulta que cerca de una puerta que da al jardín tienen un aparato insectocaptor. Cada vez que cambio la lámina adhesiva hay un espectáculo de todo tipo de insectos voladores. Aproveché y me llevé unas cuantas muestras. De todas ellas, la que más picó mi curiosidad es la de un insecto que yo identifiqué como un avispón. Se la enseñé a mi mujer y le pareció un insecto muy bonito. Por suerte, mi mujer también tiene una gran curiosidad y admiración por esta bonito Universo en el que vivimos. Y no le molesta que tenga mi mesa llena de bichitos.

Fig 2. Milesia cabroniformis./ Desinsectador 2012

También tengo la suerte de tener por compañero de trabajo a todo un entomólogo. Una persona que sabe un montón de cosas de todo. Así que le bajé la muestra de lo que yo creía un avispón. Y me dijo que no era tal, sino de un sírfido conocido como Milesia cabroniformis. Se trata de uno de las especies más grandes de los sírfidos (Syrphidae), también conocidas como moscas de las flores. El ejemplar que he fotografiado mide 23 milímetros de largo. Y eso que está encogido con el abdomen curvado. Como otros sírfidos sus cuerpos se han mimetizado con los colores de depredadores como avispas y abejas.

Visto a través de la lupa binocular es muy interesante. Una de las cosas que me ha llamado la atención es el extremo de las patas. Posee las dos típicas almohadillas de las moscas que le sirven para adherirse a superficies lisas y, además, dos garfios. Espero que se pueda ver bien la foto 3 y se pueda apreciar lo que intento describir. Después de haber observado de cerca a esta mosca, espero no volverla a confundir con un avispón. De hecho, lo primero que pensé cuando mi compañero me indicó mi error, es que debería de haber contado las alas, porque al tratarse de un díptero tiene dos. Si fuera un himenóptero, tendría 4. También tendría que haberme fijado en los ojos, que son mucho más grandes que los de un himenóptero. Para otra vez, ya lo sé.

Fig 3. Extremo de la pata de una Milesia Cabroniformis./ Desinsectador 2012

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