C. Pradera, Barcelona, 25-10-2016
Esta entrada no está dedicada a un animal, cosa que es costumbre de este blog, sino a una planta. No es una planta espectacular, sino discreta. Pero tiene un importante papel, o por lo menos a mí me lo parece. Se trata de la hiedra (Hedera helix). En mis paseos por la montaña suelo fijarme en esta planta trepadora. Especialmente cuando llega el otoño. He oído comentarios negativos sobre la hiedra como si se tratara de una planta dañina, ya que para su desarrollo necesita un árbol. Sin embargo tiene una importante función.
Hace cosa de 15 días, mi mujer y yo nos acercamos hasta Santa María de Matamala, parroquia perteneciente al municipio de les Llosses (Girona). Aparcamos el coche y paseamos por el bosque. Es una zona bonita. Y el otoño le sienta bien. El suelo estaba húmedo. El musgo, brillante. Asomaban setas de bonitos colores. Por un camino llegamos hasta un claro de bosque. En la imagen número 1, se puede ver la estampa. Nos fijamos que el suelo se encontraba minado de abejas del género Colletes (Colletidae). Afanosamente no paraban de recolectar polen y néctar para depositarlo en las celdillas excavadas en la tierra húmeda. Había gran actividad. Alcé la vista y busqué las flores de las que se alimentaban. Y entonces vi una gran hiedra que trepaba vigorosa ahogando a un pino (figura 2).
Se trataba de una hiedra hermosa. Se alzaba en el claro como si de un bote salvavidas se tratara. Esta planta florece desde finales de verano hasta finales de otoño. Y cuando en el campo empiezan a escasear las flores, la hiedra se convierte en fuente de alimento para abejas y otros insectos. Esto permite llegar bien hasta finales de otoño a muchas especies. Pero aún hay más. Las flores polinizadas darán lugar a unos frutos oscuros que servirán de alimento a pájaros que, as su vez, dispersarán las semillas.














