‘Medio de destruir las chinches’, El Isleño, Núm. 268, 1858

EL ISLEÑO.

PERIÓDICO CIENTÍFICO, INDUSTRIAL COMERCIAL Y LITERARIO.1

Año II – Núm. 268. Lúnes 17 de mayo de 1858. Islas Baleares.

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MEDIO DE DESTRUIR LAS  CHINCHES.2

Tal es el título de una nota ó breve memoria que leyó poco antes de su muerte (ocurrida en 1857) el célebre químico Théonard,3 en una de las sesiones de la Academia de ciencias de Paris. Vamos á copiar íntegra, para demostrar una vez mas que la ciencia no se hace verdaderamente útil sino popularizándose y descendiendo á las aplicaciones prácticas, usuales, domésticas. Traducimos, pues, con cierto orgullo, y creemos que nuestros suscriptores leerán con gusto, el método de destruir las chinches redactado por un sabio como el venerable baron Théonard, y escuchado con atencion por un cuerpo tan grave y tan docto como la Academia imperial de ciencias de Paris, otra de las que forman el célebre Instituto de Francia.

– Dice asi la nota:

«Algunos sábios, á quienes tal vez me uniria yo, si no fuese el autor de esta nota, pensarán quizás que el asunto un poco añejo de que voy á tratar, y la forma en que lo presento, no son muy dignos que digamos de una lectura seria ante la Academia de las ciencias: tranquilízame empero que los que hayan experimentado la picadura de la chinche (que no serán pocos), la encontrarán asaz interesante para merecer, por un momento al menos, la atención de esta docta asamblea; y me agradecerán el vivo deseo que tengo de asegurar su descanso, librándoles de congojosos sufrimientos.

»Hasta el año 1811 no experimenté los tormentos de ese horrible insecto, el cual no solo nos da dolorosas picaduras, sino que, chafado entre los dedos, esparce un olor tan infecto, que casi sentimos el haberle dado muerte.

»En aquella época habitaba yo en el Colegio de Francia, y acababa de dejar el cuarto principal para subirme al segundo, é instalarme en la habitacion que ocupa hoy nuestro honorable presidente.

»Durante algun tiempo no fue turbado mi reposo: pero llegaron los calores y el enemigo empezó á atacarme.

»Apelé á lo[s] medios ordinarios para rechazarle: ponia cañizos (chincheros) que se sacudian todas las mañanas. ¡Vana precaucion! Las chinches pululaban cada dia mas.

»Entonces recorrí las junturas de la cama, la hice limpiar bien, la aparté de la pared, la puse en medio del cuarto: medidas todas inútiles, porque continué siendo víctima!

»Algunos amigos de confianza me aconsejaron que por la noche dejase encendida la luz. Ese maldito insecto (me decian) teme la luz viva; no saldrá de sus escondrijos, y os dejará dormir con sosiego. En vez de una lámpara, dejé encendidas dos; pero no se realizaron los pronósticos de mis amigos.

»Ocurrióseme una idea, que tuve por excelente, y fue, no solo poner la cama en medio del cuarto (medida extraordinaria que ya habia tomado antes), sino tambien sumergir cada uno de los piés de los banquillos en un barreño lleno de agua. Me creí salvado; pero nada; el enemigo fué á atacarme como de costumbre; trepaba hasta el techo, y, cuando estaba en mi zenit, se dejaba desplomar encima de mi cuerpo.

»A punto estaba de batirme en retirada abandonando aquella malhadada habitacion, cuando por fin di con un remedio eficaz, infalible en sus efectos, fácil de practicar y sin riesgo: tal es el agua de jabon.4

»Asi es que todos los años sin falta repetí, en una de las lecciones de mi cátedra, el experimento de que voy á hablaros, y los oyentes, interesados casi todos, me prestaban suma atencion. Como los mas de ellos vivian en el Cuartel Latino (barrios de estudiantes de Paris), hubieran podido presentarme sin duda objetos vivos en abundancia!

»Con el dedo mojado en agua de jabon, describase en el fondo de un plato una circunferencia de círculo, póngase en el centro del círculo unas cuantas chinches, y se las verá andar apresuradas y rebullirse en todas direcciones; pero en cuanto lleguen á tocar la línea trazada con agua de jabon, se empinarán sobre sus largas patas y caerán para no levantarse mas.

»Cuando hice este experimento por la primera vez, tuve un momento de verdadero júbilo; estaba casi envanecido de mi triunfo: sin embargo, todavia me faltaba pasar mas penas.

»Verdad es que destruia las chinches y que conquistaba de este modo algunas noches de sueño tranquilo: mas á los pocos dias se renovaron mis tormentos. Cierto que no tenia que habérmelas con chinches adultas, gruesas y bien nutridas; pero lo mismo me daba, porque salian unas pequeñitas, transparentes, de color de rosa, recien nacidas, que pronto imitaban el ejemplo de sus padres y des sus madres chupando, á fuer de verdaderos vampiros, mi mas pura sangre, y creciendo y cebándose con ella.

»Entonces comprendí que el jabon no hacia mella en los huevos, no los destruia.

»En su consecuencia no volvía á emplear disoluciones de jabon frias, sino disoluciones hirviendo, y el resultado fue completo: las chinches quedaron destruidas y los huevos cocidos.

»La operacion deberá practicarse en la forma que voy á describirla:

»1.º Echense 100 partes (en peso) de agua en una jofaina ó barreño, y añádanse dos partes de jabon blando ó verde; póngase la vasija á la lumbre y hágase hervir.

»2.º Desocúpese la alcoba, quítense las colgaduras y la ropa de la cama; rásquese la pintura ó papel de las paredes; y con un cuchillo ó navaja agrándense las junturas de las paredes, si no pudiese penetrar bien en ellas la disolucion.

»3.º Desmóntese la cama, si es de caoba, pino ó nogal, y sepárense las varias piezas de que conste.

»4.º Se coge una esponja ordinaria, de las que sirven para lavar los piés á los caballos; átese con un bramante á la punta de un palo de media vara de largo; mójese en la disolución hirviendo de jabon; y lávense, frotando repetidas veces, de arriba abajo, las paredes de la alcoba ó dormitorio, y sobre todo los puntos donde se noten grietas, agujeros ó resquebrajaduras. Conviene embeber la esponja á menudo en la disolución jabonosa, teniendo entendido que para que esta obre con eficacia, ha de estar muy caliente, y, en cuanto posible sea, hirviendo.

»5.º Lávense en igual forma las tablas, banquillos, cabeceras, etc., de la cama y todos los muebles ó utensilios no metálicos. Con los objetos preciosos, ó muy delicados, puede el interesado limitarse á exponerlos al aire y al sol todo el tiempo necesario para que se vivifiquen los huevos, y frotarlos en seguida.

»6.º Lavar con la misma disolucion, siempre hirviendo, las hendeduras ó grietas que se noten en el piso, sea este enladrillado, ó de madera, etc.

»7.º Múdese toda la ropa de la cama, inclusas las cortinas ó pabellones, y expónganse al aire libre por espacio de algunos dias.

»8.º Renuévese la paja de los jergones ó trasportines, y macérense y lávense en agua hirviendo las telas de los catres, las telas y lana de los colchones, almohadas, etc.

»9.º Tápense bien las hendeduras y agujeros con un betun compuesto de creta y cola animal, empapelando en seguida ó vistiendo las paredes de la forma ordinaria.

»10.º Todas las operaciones que acabo de indicar son necesarias para los dormitorios de los colegios, los cuarteles, las salas de hospital, y para los cuartos que tienen tres ó cuatro camas; pero cuando no hay mas que una ó dos, pero bastante apartadas la una de la otra, será quizás suficiente someter á repetidas lociones jabonosas las diferentes piezas que componen la cama, asi como los objetos y las paredes á que esté cercana ó arrimada. Las chinches se refugian siempre á las hendeduras: en ellas es donde depositan sus huevos.

»Varias otras sustancias pueden emplearse para destruir las chinches, como el cocimiento del tabaco,5 las disoluciones mercuriales, la esencia de trementina, etc.: pero yo prefiero de mucho la disolucion de jabon, porque no tiene olor (por los menos sensible ó incómodo), no trae peligro ninguno, es barata, y cualquiera sabe hacerla. En rigor bastaria emplear el agua hirviendo: pero fuera muy posible que al aplicarla á las paredes se enfriara demasiado pronto, mientras que si conti[e]ne un poco de jabon, es infalible la destruccion de todas chinches: y eso vale mucho!

-»He conocido algunas personas que pueden acostarse impunemente en una cama plagada de chinches, al paso que hay otras que, si una chinc[h]e hay, de seguro les alcanza. ¿Dependerá esto de que aquellos insectos, finísimos como son de olfato, no pueden resistir el olor sui generis que despide la piel ó la traspiracion de ciertos individuos?

-»La disolucion de jabon no solo mata las chinches, sino tambien otros varios insectos, y particularmente orugas. Creo muy posible aplicar dicha disolucion en horticultura y jardineria.

»A propósito, recuerdo un hecho que no deja de tener su importancia, y con su relato voy á poner fin á esta nota, demasiado extensa ya.

»Habia (creo que era el año 1838) tanta plaga de orugas en Chaumot, cerca de Villeneuve-sur-Yonne, donde poseo algunos bosques, una alqueria y una casa de recreo con jardin, que no se podia andar un paso sin aplastar u gran número de aquellos bichos: cubrian materialmente la tierra, devoraban las hojas, entraban en las habitaciones, se paseaban por todos los muebles, y hasta se subian á la mesa y me hacian compañia, bien que á pesar mio, mientras estaba comiendo. Tenia yo muchos árboles frutales que queria proteger, y lo conseguí sin mas que rode[a]r su tronco, á la altura de medio pié de la raiz, con un cerco ó fajita de jabon blando mezclado con un poco de tabaco. Todos quedaron preservados, al paso que destruidos todos los de los jardines y huertas contiguas, incluso los manzanos y perales cultivados en los campos ó fuera de recinto. Tuve una cosecha magnífica: aquel año, en el distrito, no hubo mas frutas que las de mi propiedad. Las orugas, en gran número, subian hasta el cerco ó rodete de jabon, pero volvian á bajarse en seguida: ninguna traspasó aquel limite protector de la fruta.

»El año siguiente los estragos hubieran podido ser todavía mayores, porque los árboles se cubrieron de nidos de orugas, y en las ramitas á que alcanzaba el sol viéronse enjambres de mariposas que depositaron considerable número de huevecillos, en forma de sortijas, cada una de las cuales podia dar de 350 á 400 individuos, segun de ello me aseguré poniendo algunas en cristales á la temperatura de unos 22 á 24 grados. En 72 horas se dieron á luz las oruguitas. Por fortuna hizo en marzo algunos dias buenos, y el desarrollo fue general; pero sucediéronles algunas lluvias frias y desaparecieron todas las orugas; el pais se vió libre de aquel terrible azote.

»Recuerdo tambien que las orugas, casi al final de su existencia, se aglomeraron formando pelotas del tamaño de una cabeza en los árboles mas nuevos, y que para desapelotolarlas bastaba echar encima de algunas un poco de aceite por medio de una pértiga ó caña larga: al contacto del aceite se iba deshaciendo la pelota y caia al pie del árbol.

-»La caza de las chinches debe ser incesante y activa sobre todo en los paises cálidos, por cuanto en estos se multiplican con espantosa rapidez. Nunca olvidaré que el años 1838, hallándome alojado en una de las fonda mas renombradas de la populosa y bella ciudad de Burdeos, me disperté por la noche, aunque me hallaba rendido de fati[g]a, acosado de millares de chinches. Por la mañana interpelé al ama de la fonda, quejándome de que me hubiese engañado, y le intimé que iba á mudarme. –Como gusteis, caballero (me dijo); pero sabed que mudando de fonda no lograréis mas que mudar de chinches!– Le di mi receta de disolucion jabonosa. ¿La pondria en práctica?

-»A repetidas instancias de algunas personas he creido deber publicar estos hechos que poseo hace tiempo, que he comunicado á cuantos lo han deseado y que otras varias personas saben ya tan bien como yo.

»Quizás me dirá alguno: -¿Por qué no los publicasteis en 1811?- A lo cual contesto que yo estaba en la creencia de que bastaria divulgarlos de viva voz en la cátedra para generalizar su noticia: y, por último añadiré que vale mas tarde que nunca, cuando la publicacion puede todavia ser útil.»

Terminada la lectura de la precedente nota, el distinguido físico Mr. Despretz6 pidió la palabra, y dió noticia de otro método que le habia surtido felicísimo resultado.

En el año 1853, despues de una ausencia de dos meses, encontró su cuarto escandalosamente poblado de chinches. Un mes antes no las habia. Las madres fueron traidas sin duda en unos libros viejos. Puso unas cuantas barritas de azufre en dos ó tres cascos o tiestos, calentándolos hasta inflamar aquella sustancia. Repitió la operacion dos veces en veinticuatro horas, y luego renovó el aire de la pieza. -En seguida, y para completar la obra, calentó ligeramente, en dos ó tres crisoles, una mezcla de cal y sal amoníaco, repitiendo igualmente esta operacion dos veces en veinticuatro horas. Abrió las ventanas, é hizo sacudir los libros, las ropas y mantas, etc.: ni una chinche volvió a aparecer.

El ácido sulfuroso tiene, en efecto, la ventaja de penetrar en todas las grietas, junturas y agujeros.

Antes de producir dicho ácido ó gas sulfuroso por medio de la combustion del azufre, hay que sacar de la pieza todos los muebles ú objetos de hierro ó acero, y tambien los que contienen partes de acero ó hierro, como relojes, etc.

Es muy de rigor promover el desprendimiento del gas amoniacal despues de la produccion del ácido sulfuroso, porque de lo contrario, si este ácido no fuese saturado por el álcali, se transformaria muy pronto en ácido sulfúrico (aceite de vitriolo) por el concurso del oxígeno y del vapor de agua del aire atmosférico, y que quemaria el papel, la ropa y cuantos objetos estuviesen impregnados de él.

Del procedimiento seguido por Mr. Despretz resulta que el ácido sulfuroso no solamente destruye las chinches, sino tambien los huevos de la chinche.

Ese procedimiento es tambien muy espedito de poner en práctica. -Los lectores que lo adopten deben tener entendido que no convine dormir en el cuarto de la operación hasta pasados dos ó tres dias, espacio de tiempo sobrado para renovar suficientemente el aire y hacer desaparecer por completo el olor del gas ácido sulfuroso.

-Si por azar se encuentra una que otra chinche bastante refractaria, tenaz y poco aprensiva, para asilarse en las junturas de las cama de hierro, no hay mas que echar en la juntura unas gotas de esencia de trementina, sustancia que las matará sin remedio.

M. Plaza Dávila.

(Monitor de la Salud.)

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Notas:

1. Periódico de Palma de Mallorca (Islas Baleares) publicado entre 1857 y 1898. Disponible en la Biblioteca Digital Hispánica de la Biblioteca Nacional de España, http://www.bne.es/

2. Importante la publicación de este texto, ya que mostraba el interés de los lectores por librarse de estos insectos hematófagos. El texto ocupaba las cuatro columnas de la primera página del periódico El Isleño y  la mayor parte de la primera columna de la segunda página.

3. Louis Jacques Thénard (1777-1857) fue un químico francés  descubridor del agua oxigenada y del boro.

4. Me pregunto si este es uno de los testimonios más antiguos del uso del jabón contra insectos.

5. A finales del siglo XVII ya se utilizaba el tabaco como insecticida.

6. César Despretz (1791-1863) fue un físico francés profesor en la Universidad de París y miembro de la Academia de Ciencias francesa.

Fig 1. Página 1 de la edición del lunes 17 de mayo de 1858 de ‘El Isleño’./ Biblioteca Nacional de España, Hemeroteca Digital

Fig 2. Página 2 de la edición del lunes 17 de mayo de 1858 de ‘El Isleño’./ Biblioteca Nacional de España, Hemeroteca Digital

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