Recetas del XVIII

Buscando en las hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España [1], he encontrado un par de escritos interesantes para el exterminio de la chinche de cama. Se trata de las recetas más antiguas que hasta el momento he encontrado escritas en castellano. Ambos escritos fueron publicados en el periódico de Madrid llamado El Semanario Económico, uno en 1766 y otro en 1778. Aunque hay que hacer constar que el publicado en 1778 parece ser una copia de un texto publicado en 1760 en otro periódico llamado Diario Económico. Por tanto sería el más antiguo.

En el texto de 1766 se explican dos métodos. Primero una fumigación mediante el uso de resinas de plantas quemadas en un brasero. Segundo un pincelado a base de un receta que contiene mercurio fijado con huevo. En el texto de 1778, se explica la clásica fumigación con dióxido de azufre a partir de la quema de azufre.

A continuación se puede leer el texto transcrito en el cual he conservado la ortografía, aunque he modificado la acentuación para acomodarla a la actual.

1/ Texto publicado el jueves 12 de junio de 1766 (n. XXIII), páginas 181 y 182:

«MODO SEGURO PARA EXTERMINAR CHINCHES

181. En un brasero de carbones encendidos, se echa una onza de gálbano [2] y otra de asafétida [3]. Estas drogas son sucos gomosos, que se exprimen de ciertas plantas, y que se hallan fácilmente en las boticas, y tiendas de droguería. Después de haver quitado las camas, y hasta las tablas de ellas, se esparce todo por el suelo; se tiene el quarto bien cerrado, y con un trapo se cierra la abertura de la chimenea. Esta operación es menester hacerla por la mañana muy temprano, y no abrir el quarto hasta la noche, a la hora de acostarse. Al punto que el vapor de las drogas se exhala, las chinches caen en movimiento; y si quedan algunas, al día siguiente se hallan secas. Una onza de estas drogas, basta para sahumar dos camas, o dos quartos. Si por casualidad ha escapado alguno de estos incómodos insectos, se podrá repetir la operacion. El tiempo mas apropósito para hacerla, es en el de los grandes calores. Repetidas experiencias han confirmado el sucesso, y eficacia.

Como no todos se adaptarán a sufrir el mal olor, que aunque poco que queda los primeros días en el quarto sahumado se añade este otro medio de liberarnos de tan molestos enemigos: tómese una onza de azogue [4], y las claras de cinco, o seis huevos; mézclese, y bátase todo junto en un plato, o mortero de madera, con una brocha, o escobilla, hasta que las bolas del azogue apenas se perciban; después desarmada la cama, se irán acomodando sus piezas, unas tras de otras, y cepillándose bien para quitarles todo el polvo, y vasura, pero sin lavarlos; luego se untarán todas las junturas, y endiduras de la cama con la expressada composición, y dexará assí secar. Se previene que las maderas de la cama no se han de lavar después en ningún tiempo. Desde la primera aplicación de este remedio se destruirán enteramente las chinches; pero si quedare alguna, repitiendo la operación, seguramente quedarán todas aniquiladas.»

2/ Texto publicado el jueves 21 de mayo de 1778 (n. XXXII), páginas 254 y 255:

«MODO DE DESTRUIR LAS PULGAS, CHINCHES, Y RATONES DE UNA CASA

239. No hay cosa más fácil que destruir estos animales, e insectos. El secreto es infalible. La experiencia lo ha acreditado siempre que se ha puesto en uso. Póngase un poco de azufre en una vasija de barro, o de hierro; y después de haberla puesto en medio del quarto, póngase fuego dentro de ella, teniendo cuidado de cerrar uy bien todas las puertas, y ventanas, para que el vapor se comunique por todas partes, y no salga fuera. Este vapor no le pueden sufrir las pulgas, y en particular las chinches, y las hace morir indefectiblemente. Es verdad que el olor es desagradable; y así para que no se comunique al lienzo, o a otras cosas, se pueden pasar a otro quarto. Por lo que mira a las tapicerías, y muebles, es necesario dexarlos; porque puede haber en ellos estos insectos, y las más veces sucede que las chinches hacen en ellos su nido, y depositan sus huevos: el olor los hace reventar. No hay que temer que el azufre eche a perder cosa alguna; solo quedará el olor, que se disipará dentro de algunos días, dexando después las puertas, y ventanas abiertas. Si se quiere evitar la incomodidad de ese olor, se puede hacer esta operación por partes; esto es, en un quarto mientras que se habita en otro. De este modo se verá toda la casa libre de estos insectos. Por lo demás, el olor del azufre es más desagradable que dañoso, pues lejos de hacer mal es saludable, y los médicos le mandan usar en muchos casos: dexando las ventanas abiertas, en una noche se disipa quasi el olor. Diar. Ec. Julio 1760.»

.

Notas:

[1] http://www.bne.es/

[2] Gálbano: resina de la planta Ferula gummosa originaria de Asia se usaba en medicina. En el Antiguo Egipto se utilizaba para la fabricación de cosméticos y en el embalsamamiento.

[3] Asafétida: nombre con el que se conoce la planta Ferula assafoetida, la cual se utiliza como condimento alimentario o como remedio contra diversos males.

[4] Mercurio.

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